Fármacos innovadores: ¿Qué son, para qué sirven?

Los fármacos innovadores logran, en algunos casos, cronificar enfermedades, como el VIH o la diabetes. También curarlas: sarampión, malaria o, más recientemente, hepatitis C. Incluso erradicarlas: polio, viruela o peste bovina, por ejemplo.

Y, cuando menos, estos fármacos innovadores contribuyen a reducir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

Luchar contra la enfermedad y tratar de alargar la vida en las mejores condiciones de salud figuran, sin duda, entre los principales retos del ser humano desde los albores mismos de la civilización.

Así lo considera Farmaindustria en sus informes sobre fármacos innovadores.

Reseña la patronal de la industria farmacéutica que tras siglos de esfuerzos, aciertos y errores, la medicina ha experimentado en las últimas décadas un avance de tal calibre que ha hecho posible que hoy las personas puedan vivir más y mejor que nunca, lo que constituye uno de los grandes hitos de la historia.

En concreto, entre 2000 y 2009 se logró ganar 1,74 años de esperanza de vida en los países integrados en la OCDE, de los cuales 1,27 años son una consecuencia directa de la innovación farmacéutica.

Y es en el ámbito de las enfermedades graves y prevalentes donde se puede hablar de una contribución decisiva de los medicamentos a la salud, que se ha traducido en que en la sociedad moderna las personas puedan aspirar a vivir más y mejor que sus ancestros.

Según la misma fuente, investigaciones desarrolladas en Estados Unidos ponen de manifiesto que las personas que consumen fármacos innovadores tendrían una mayor supervivencia, una mejor salud autopercibida y menos limitaciones sociales y físicas en sus actividades cotidianas, efecto que sería más notorio cuanto peor es el estado de salud inicial.

Fármacos innovadores: inversión

En cuanto  a la inversión, se señala que cada medicamento innovador que logra llegar al paciente requiere de una inversión media cercana a los 2.500 millones de euros.

Destaca también que , junto a las soluciones para las patologías más prevalentes, el creciente esfuerzo de la industria en enfermedades raras.

De hecho, es el segundo grupo terapéutico con mayor volumen de proyectos de I+D tras el cáncer, con más de 1.400 fármacos en desarrollo en Europa en 2015.

Y logrando resultados: la agencia estadounidense de medicamentos (FDA en sus siglas en inglés) aprobó 59 nuevos fármacos en 2018, de los cuales 34 (el 58%) eran medicamentos huérfanos, es decir que están indicados para alguna enfermedad poco prevalente o rara.

En España, por ejemplo, las compañías innovadoras invirtieron 1.147 millones de euros de euros en actividades de I+D en 2017, con lo que se consolida como el líder industrial en esta materia, con el 20,3% del total de la inversión.

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Infografía Farmaindustria

Avances notables

En los últimos 50 años ha habido avances notables en este campo en todo el mundo.

En promedio la esperanza de vida al nacer supera los 72 años, según datos del Banco Mundial, e incluso alcanza los 80 años en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un aumento de más de 10 años desde 1960.

Casi las tres cuartas partes de ese aumento en la esperanza de vida puede atribuirse a la aportación de los fármacos innovadores, tal y como demuestran los datos recogidos por el estudio Pharmaceutical Innovation and Longevity Growth in 30 Developing and High-income Countries, 2000-2009, refiereFarmaindustria.

En concreto, en ese plazo se registró un incremento de 1,74 años en la expectativa de duración de la existencia humana.

Y de esa ganancia, 1,27 años (el 73%) es directamente atribuible a los nuevos fármacos utilizados en la lucha contra la enfermedad.

En España, una persona que nazca hoy tiene ante sí una esperanza de vida de 83 años, diez años más que los nacidos en 1975, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Por sexos, y teniendo en cuenta un periodo más reciente (entre 1994 y 2016) la esperanza de vida al nacimiento en España ha pasado de 74,4 a 80,4 en hombres y de 81,6 a 85,9 en mujeres, situando a nuestro país entre los más longevos del mundo, sólo por detrás de Suiza, Singapur y Japón.