Franquicias dominicanas compiten y prosperan frente a marcas internacionales

Cuando comenzaron a instalarse franquicias internacionales en la República Dominicana, Juan Ismael Frías García (Juancho) habló con su padre y le dijo: «Vamos a tener que apretarnos la correa». Pero no fue así. Resultó lo contrario. «Ellas han permitido que el dominicano se acostumbre a comer sándwiches, a comer ese tipo de comida a cualquier hora del día», dice el administrador de Barra Payán.

Barra Payán, un negocio de sándwiches y batidas que abrió en 1956, pasó al esquema de franquicias después de la muerte de su fundador, Juan Frías Payán, en 2014.

¿Qué es una franquicia?

Una franquicia es la concesión de derechos de explotación de un producto, actividad o nombre comercial, otorgada por una empresa a una o varias personas en una zona determinada. Esa concesión va atada al pago de un monto que varía de acuerdo con la marca y el tipo de contrato. Este concepto es considerado como una oportunidad para alcanzar el éxito en el mundo de los negocios.

Lo común entre las franquicias es que estas tienen un manual sobre cómo operar la marca. En el caso de las de comida, existen recetas que se deben seguir para que no haya una diferencia en los sabores de un mismo producto que se vende en diferentes lugares.

En el país existen más de 250 marcas de franquicias, siendo alrededor de 100 dominicanas. Además de Barra Payán, entre las locales están:

  • Helados Bon
  • Pizzarelli
  • Body Shop
  • EPS
  • Pollo Rey
  • De Nosotros Empanadas
  • Emparedado
  • Farma Express, entre otras.

A juicio de Óscar Luis Monzón, presidente de la Asociación Dominicana de Franquicias (Adofra), las franquicias son modelos de negocios que llegaron a la República Dominicana a fortalecer las marcas locales, las cuales tuvieron que renovarse para poder competir con las extranjeras.

«Lo más importante que le ha sucedido al mercado de las franquicias es que hayamos tenido franquicias internacionales que nos ayuden a subir el estándar de nuestras propias marcas»Óscar Luis MonzónPresidente de la Asociación Dominicana de Franquicias

Entiende que ningún negocio que traiga y enseñe cómo hacer mejor las cosas y obligue a desarrollar su propia competitividad, puede hacer daño. Por ende, «gracias al acercamiento que han tenido las franquicias en nuestro mercado, podemos decir que realmente han sido un punto de apoyo sumamente importante en el desarrollo económico».

Monzón detalla que estas mueven la economía en términos generales porque una persona que hace sándwiches utiliza pan, queso, carne, vegetales, salsas y otros productos producidos en lugares diferentes con empleados distintos. Se estima que el modelo de negocio de franquicias genera más de 155,000 empleos en la República Dominicana.

Impulso bancario

El Banco Popular Dominicano ejecuta desde el 2018 el Programa Franquicia Impulsa Popular, en conjunto con la firma Front Consulting RD. Este nace como parte de la plataforma de productos y servicios de Impulsa Popular, creado para fomentar el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas en la República Dominicana.

Desde su inicio, se han franquiciado 72 negocios, 42 de estos perteneciendo al programa de incentivos del banco, donde los clientes reciben un estímulo que cubre la institución financiera para poder estructurarse en este modelo de negocio. A la fecha se han vendido 68 nuevas unidades de franquicias.

En función de las estadísticas existentes, el Banco Popular, a través del Programa Franquicia Impulsa Popular, ha fomentado el desarrollo del 24 % del total de las franquicias presentes en la nación.

La primera ola

El mercado de las franquicias se inició en la República Dominicana en la década del 1960, pero fue hasta finales de los años 90 cuando se inicia la primera ola, recuerda el presidente de la Adrofra.

Reporta que para esa última década comenzaron a llegar franquicias extranjeras de manera sistemática, tales como Taco Bell, Burger King, McDonald’s, Pizza Hut y otras prominentes.

«Vemos que ya el gobierno comienza a desarrollar políticas para que la inversión extranjera pueda llegar al país de manera más fácil», agrega.

Cuando las franquicias internacionales llegan al país ya existían marcas locales como Helados Bon, la cual se preparó para competir con Baskin-Robbins y Häagen-Dazs.

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Helados Bon fue uno de los negocios dominicanos pioneros en ser una franquicia. 
«¿Qué dice Helados Bon?: yo quiero tener un programa de franquicia para expandirme tal cual lo tienen esas heladerías internacionales, que vienen a competir con nosotros en nuestro mercado», comenta Monzón.

Indica que así comienza el desarrollo del programa de franquicias de Helados Bon, que fue uno de los primeros y «más exitosos» a nivel local, donde inmediatamente comenzaron a competir con los helados extranjeros.

«Si Baskin Robbins y Häagen-Dazs nunca hubieran llegado, posiblemente Helados Bon nunca se hubiera desarrollado y se convertiría en el éxito de franquicia y de expansión que ha tenido tanto a nivel local como a nivel internacional», reflexiona el también presidente de la firma consultora Francorp The Franchising Leader en la República Dominicana.

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Óscar Luis Monzón, presidente de la Asociación Dominicana de Franquicias. 
Monzón también recuerda que, cuando Pizza Hut llegó al mercado dominicano, Pizzarelli buscó una consultoría y, coincidencialmente, la misma consultora que desarrolló Pizza Hut (Francorp), fue la misma que desarrolló Pizzarelli. «Pizzarelli se preparó para ponerse igual o más fuerte», resalta.

La segunda, tercera y cuarta ola

En el 2000, se inicia una segunda ola con la llegada de negocios no tradicionales de comida, de servicios, lavandería y zapatería, entre otros. Con un mercado saturado, las locales se venían preparando para competir.

Luego se inicia la tercera ola de desarrollo. En esta ya las marcas o emprendimientos locales comienzan a tener iniciativas de negocios y conceptos que no son los tradicionales en el mercado.

«Aparece el que hace el mabí, aparece el que hace el chicharrón, aparece el que da un servicio particular, que no son de los que han visto desde fuera», explica Monzón.

En la actualidad en el país se está viviendo la cuarta ola, dice Monzón, donde las marcas locales ya están cómodas con competir en el mercado local con las internacionales, habiendo mejorado sus procesos a través de la experiencia de varios años, entonces, se abocan a transferir su conocimiento a mercados internacionales.

«En vez de ser nosotros lo descubiertos, nosotros comenzamos y pasamos a ser los descubridores«, indica.

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Juan Ismael Frías García (Juancho), actual administrador de la primera Barra Payán. 

La primera sucursal de Barra Payán se fundó el 10 agosto de 1956 y ahora está inmersa en la cuarta ola. Este 2024 alcanzará sus 70 años de existencia. Juancho dice que se renovaron como negocio y, aunque entraron tarde al mundo de la franquicia, se han mantenido creciendo.

«Ahora mismo estamos vendiendo franquicia. Casualmente, en Bávaro nosotros tenemos franquicia; en La Vega, San Cristóbal, estamos por abrir hasta en Dajabón, Santiago, Puerto Plata; hay una en Las Terrenas», precisa a Diario Libre.

Varias de esas franquicias mantienen el concepto original de la primera, instalada en la avenida 30 de marzo, del Distrito Nacional, que comprende la misma dimensión del local y el menú, así como precios similares.

«Los negocios hay que cuidarlos, hay que vigilarlos. Si usted no puede estar encima del negocio mejor no lo haga. Hay que estar en el negocio», dice Juancho.

Falta de norma

A pesar del movimiento económico que traen consigo las franquicias, Monzón aboga por una normativa.

«Leyes existen, normativas para el manejo del sector de las franquicias no».

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