La República Dominicana se presenta en la COP30 con una agenda clara y decidida para actuar sobre el cambio climático, no solo como participante, sino como protagonista que busca honestidad, financiamiento y transformación real.
Según el comunicado de Presidencia, el país a través del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y su Viceministerio de Cambio Climático y Sostenibilidad participa activamente dentro de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (Aosis) y del Grupo de los 77 y China (G77+China), articulando alianzas y defendiendo sus prioridades como Estado insular en desarrollo.
Desde su arranque de negociaciones en Belém do Pará sede de la COP30, República Dominicana ha insistido en temas claves como pérdidas y daños, adaptación con enfoque de género, finanzas climáticas, mercados de carbono y transporte sostenible. En este contexto, se ha unido a una declaración internacional para descarbonizar el transporte hacia 2035, comprometiéndose a transformar el sistema de pasajeros y carga hacia bajas emisiones.
Ese protagonismo no es casual: el país fue elegido para uno de los puestos de vicepresidencia de la COP30, lo que le otorga un mayor peso negociador y visibilidad en la región. Esta posición permite que República Dominicana impulse una agenda que integra sus retos particulares, como la vulnerabilidad climática del Caribe, con la ambición global de limitar el calentamiento a 1,5 °C. Un análisis de contexto indica que en América Latina y el Caribe, donde pocos países han actualizado aún sus compromisos climáticos, esta voz adquiere especial relevancia.
En lo interno, se realizó un avance técnico notable la culminación del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (1998-2022) y la presentación de la versión 3.0 de la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC 3.0) que amplía metas en energía, industria, bosques, residuos, agricultura, agua, ciudades resilientes, salud y zonas costeras. Gracias a este esfuerzo, República Dominicana fortalece su capacidad de reporte, su transparencia y su posición frente a los donantes y fondos de financiamiento climático.
Para el país, la COP30 representa una ventana para reclamar que la acción climática no sea solo un discurso se exige que los recursos fluyan, que la transferencia tecnológica se concrete y que las naciones vulnerables tengan voz y voto real. Al consolidarse en Aosis y en el G77+China, República Dominicana trabaja para que los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) formen una plataforma común que exija medios de implementación reales, no solo promesas.
En la práctica esto significa que, más allá de la presencia simbólica, el país apuesta al liderazgo regional del Gran Caribe, a convertir su experiencia en referente y a elevar las expectativas de lo que significa “desarrollo con resiliencia”. Es una apuesta de presente que mira al futuro con exigencia.
La pregunta ahora es si esa estrategia permitirá conseguir resultados concretos en la COP30: más financiamiento climático, acceso tecnológico, reducción de emisiones verificable y adaptación palpable en las comunidades caribeñas. El desafío es alto, pero República Dominicana entra al juego sabiendo que la credibilidad está en la acción, no en los discursos.








