En un ambiente de alegría y esperanza comunitaria, la entrega de la renovada Casa de la Cultura La Caleta en Boca Chica marcó un nuevo paso en la revitalización de los espacios culturales locales.
Según un comunicado oficial de la Presidencia de la República Dominicana, el acto fue encabezado por Roberto Ángel Salcedo, ministro de Cultura, quien entregó el inmueble totalmente intervenido a la comunidad y reconoció el esfuerzo de las organizaciones vecinales que lo reclamaban desde hace años.
Salcedo explicó que la transformación del edificio es parte de un programa nacional destinado a la recuperación y puesta en valor de las casas de cultura, con el propósito de descentralizar la actividad cultural que antes se concentraba en los grandes centros urbanos. “Nuestro compromiso es que cada municipio del país cuente con un espacio digno donde su gente pueda formarse, crear y encontrarse. La cultura es un derecho, y estamos trabajando para acercarla cada vez más a todos los dominicanos”, declaró.
El proyecto no solo rehabilitó la infraestructura, sino que amplía las oportunidades para talleres artísticos, presentaciones comunitarias y encuentros ciudadanos. En una zona como Boca Chica más conocida por sus playas y el turismo de fin de semana este espacio ofrece a los residentes un lugar para la creatividad, el diálogo y el desarrollo local, lejos del bullicio costero.
El impacto esperado va más allá de pintar paredes y cambiar pisos. Al brindar un lugar de educación cultural, se apunta a fortalecer el sentido de comunidad, dar protagonismo a los actores locales y promover expresiones artísticas autóctonas. Esa lógica conecta con la política del ministerio llevar cultura “hasta el último rincón” y que la población tome posesión de su propio entorno cultural.
La restauración de la Casa de la Cultura La Caleta es, en este sentido, parte de una tendencia que gana fuerza los gobiernos actuales consideran que invertir en cultura no es gasto, sino activo de desarrollo humano y social. En el caso de Boca Chica, la nueva sede puede convertirse en un espacio de transformación comunitaria, de activación de jóvenes talentos y de cohesión vecinal.
Con esta inauguración, la comunidad cumple una vieja aspiración. Las organizaciones locales, que desde hace años reclamaban el proyecto, vieron materializar su anhelo de disponer de una sede adecuada para su actividad cultural. Ahora tienen un escenario renovado para construir proyectos, conectarse con otras comunidades y mostrar su arte.
La apuesta ahora es que este espacio no se quede en una fotografía de inauguración, sino que se convierta en un motor vivo de la cultura local con programación regular, participación ciudadana activa y vínculo con la oferta educativa del municipio. Si se logra eso, Boca Chica ganará no sólo una casa de cultura, sino un centro comunitario que refuerce su identidad y amplíe sus horizontes.








