El aeropuerto de Las Américas enfrenta deficiencias que no han sido corregidas con el tiempo, afectando la experiencia de los pasajeros y la operatividad de sus instalaciones. A pesar de reformas menores y ajustes contractuales, las carencias siguen siendo evidentes, desde los parqueos hasta los controles de seguridad.
Tal como informa Arecoa, las autoridades han denunciado de manera oficial la situación, pero los problemas estructurales del AILA son anteriores a estas declaraciones. El aeropuerto, representativo para el país, mantiene un nivel de servicio que dista de lo esperado en un nodo tan estratégico.
Aunque la reforma más significativa se realizó tras la pandemia, hace aproximadamente seis años, la intervención no resolvió las deficiencias históricas. Los parqueos continúan insuficientes, las salas de recogida de pasajeros presentan limitaciones y la seguridad opera con deficiencias notorias, evidenciando un mantenimiento y gestión incompletos.
Algunos han señalado a la gerente saliente, Mónika Infante, como responsable de las fallas, pero especialistas y observadores coinciden en que su papel fue limitado por los presupuestos y la administración de Aerodom, la concesionaria bajo la multinacional Vinci Airports. Las sugerencias de Infante sobre mejoras fueron poco consideradas, dejando que la empresa asumiera directamente la responsabilidad de las carencias.
Entre los pocos servicios destacados se encuentra Before Boarding, que administra las salas VIP, pero el resto del aeropuerto refleja un manejo insuficiente frente a la magnitud de la infraestructura. La situación pone en evidencia la necesidad de una supervisión más estricta y un compromiso real con la calidad del servicio en uno de los principales aeropuertos del Caribe.








