Las infecciones respiratorias agudas vuelven a ocupar espacio en las consultas médicas del país, una escena que se repite cada año cuando cambian las temperaturas y aumentan los virus en circulación. Entre ellos figura la influenza A, junto a otros agentes respiratorios que forman parte del comportamiento epidemiológico habitual en República Dominicana.
Tal como informó CDN, la Sociedad Dominicana de Infectología explicó que la presencia de esta cepa responde al patrón estacional esperado y que su detección se produce gracias a los sistemas regulares de vigilancia epidemiológica. No se trata de un evento inusual ni de una nueva amenaza fuera de control, sino de un fenómeno que las autoridades sanitarias monitorean de forma continua desde finales del año pasado.
La influenza A es uno de los virus que con mayor frecuencia provoca brotes durante los meses de mayor circulación respiratoria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que cada año las epidemias estacionales pueden afectar hasta un 10% de la población adulta a nivel global. En el Caribe, donde el clima tropical modifica los picos tradicionales del hemisferio norte, la transmisión puede extenderse por períodos más amplios.
En el caso dominicano, los especialistas subrayan que la evidencia científica disponible no vincula esta variante con mayor letalidad respecto a otras cepas previas. Lo que sí puede ocurrir como sucede con cualquier influenza es una alta capacidad de transmisión, sobre todo en personas no vacunadas, adultos mayores, embarazadas, pacientes con enfermedades crónicas o con sistemas inmunológicos comprometidos.
En hospitales y clínicas privadas ya se percibe un aumento moderado de consultas por fiebre, dolor corporal, congestión y malestar general. Muchos de estos cuadros evolucionan de forma leve, aunque el riesgo de complicaciones existe cuando no se recibe atención oportuna. La automedicación, una práctica todavía común en el país, puede enmascarar síntomas y retrasar el diagnóstico adecuado.
La vacunación sigue siendo la principal herramienta de prevención. El Ministerio de Salud Pública mantiene campañas anuales dirigidas a grupos vulnerables, recordando que la vacuna contra la influenza se actualiza cada temporada para responder a las cepas predominantes. Estudios internacionales demuestran que reduce hospitalizaciones y muertes asociadas al virus, especialmente en mayores de 65 años.
A la par de la inmunización, las medidas básicas siguen marcando la diferencia: higiene frecuente de manos, cubrirse al toser o estornudar, uso de mascarilla si se presentan síntomas y evitar el contacto cercano cuando hay signos respiratorios. Son prácticas sencillas que, aunque parezcan repetidas, han demostrado eficacia desde la pandemia de COVID-19.
El mensaje de los infectólogos apunta a la calma y a la responsabilidad individual. La circulación de virus respiratorios es parte del ciclo anual; lo determinante es cómo responde la población. Con vacunación al día, vigilancia activa y atención médica temprana ante fiebre persistente, el impacto puede mantenerse bajo control y sin sobresaltos mayores.








