La Dirección General de Migración decidió apretar las tuercas internas antes de que cualquier falla administrativa le pase factura. La institución reunió a directores, encargados departamentales, inspectores y personal clave en una jornada formativa centrada en las Normas Básicas de Control Interno (Nobaci), con la meta de unificar criterios y fortalecer la gestión institucional desde adentro hacia afuera.
Según la Presidencia de la República Dominicana, la capacitación estuvo orientada a consolidar el dominio del Sistema Nacional de Control Interno, establecido por la Ley 10-07, y a garantizar que cada área desde Inteligencia y Control Migratorio hasta Tecnología y Comunicaciones opere bajo parámetros homogéneos, con funciones claramente definidas y procesos debidamente documentados.
La apuesta no es menor. En un contexto donde la gestión pública enfrenta escrutinio constante, la correcta aplicación de los controles internos se convierte en una muralla preventiva contra irregularidades administrativas. La formación abordó la identificación y manejo de riesgos institucionales, la obligatoriedad en el uso de sistemas oficiales y el cumplimiento estricto de los manuales internos, piezas claves para evitar improvisaciones que luego suelen salir caras.
Otro de los ejes centrales fue la coherencia entre el Plan Estratégico y el Plan Operativo Anual (POA). En términos prácticos, esto implica que las metas trazadas en el papel deben reflejarse en indicadores medibles y en resultados concretos. La supervisión continua de recursos humanos, financieros y materiales, junto con inventarios periódicos y la actualización constante de manuales, forman parte de un engranaje que busca reducir vulnerabilidades y elevar la eficiencia.
Esta iniciativa también se alinea con los requerimientos del Sistema de Monitoreo de la Administración Pública (Sismap), herramienta que evalúa el desempeño de las instituciones del Estado y que ha ganado peso en la medición de la transparencia y la calidad del gasto público. Cumplir con estos estándares no solo impacta en indicadores, sino en la percepción ciudadana sobre la gestión pública.
En un país como la República Dominicana, donde el debate sobre eficiencia estatal y rendición de cuentas sigue muy presente, fortalecer los mecanismos internos deja de ser un simple requisito legal y se convierte en una estrategia de sostenibilidad institucional. La Dirección General de Migración parece entender que el control no es sinónimo de rigidez, sino de orden, claridad y responsabilidad compartida.
Con este tipo de acciones, la entidad envía una señal clara: la modernización del sistema migratorio no solo pasa por tecnología o infraestructura, sino también por procesos sólidos y una cultura administrativa que respalde cada decisión.








