Hungría implementó este martes un control sobre los precios del combustible y restringió su exportación, en un intento por aliviar la presión que generan los conflictos en Oriente Medio y la interrupción del suministro de crudo ruso a través de Ucrania. La medida busca proteger a los conductores locales frente a la volatilidad internacional del petróleo.
Según EFE, el gobierno fijó el precio máximo en 1,54 euros para la gasolina 95 y 1,59 euros para el diésel, aplicable únicamente a vehículos con matrícula húngara. Además, las estaciones de servicio deberán mostrar dos precios y verificar caso por caso la elegibilidad del ‘precio protegido’. Paralelamente, se liberarán las reservas estratégicas estatales durante 45 días para asegurar la disponibilidad interna de combustible.
Hungría mantiene una dependencia significativa del petróleo ruso. Desde que a finales de enero el oleoducto Druzhba, que atraviesa Ucrania, sufrió daños en un ataque, el gobierno de Viktor Orbán ha señalado a Kiev por no reanudar el tránsito, citando razones políticas. Esta situación ha llevado a Budapest a tomar medidas directas para estabilizar el suministro y evitar un incremento desmedido de los costos para los ciudadanos.
Expertos energéticos destacan que controles de precios y limitaciones de exportación pueden ofrecer alivio temporal, pero también implican riesgos en la inversión y la eficiencia del mercado interno. Por ello, las autoridades húngaras vigilan de cerca la evolución del mercado y la capacidad de las reservas estratégicas para garantizar el abastecimiento durante las próximas semanas.
El plan refleja un enfoque pragmático del gobierno ante la incertidumbre geopolítica, equilibrando protección al consumidor y gestión de recursos críticos en un contexto de tensión energética europea.








