La expectativa de una Semana Santa récord para el sector turístico español se ha visto afectada por la escalada del conflicto en Oriente Medio, tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero. Aunque las reservas anticipadas mostraban un crecimiento del 35 % respecto al año pasado, la tensión geopolítica ha generado cautela entre los viajeros, quienes posponen sus decisiones y ajustan sus planes.
Según EFE, la Mesa del Turismo destacaba que la contratación previa iba “fenomenal” hasta el inicio del conflicto. Aun así, desde la Federación Empresarial de Asociaciones Territoriales de Agencias de Viajes Españolas (FETAVE) se mantiene un optimismo prudente: la Semana Santa no alcanzará las expectativas iniciales, pero tampoco se espera un retroceso drástico en la actividad turística.
Las cancelaciones se concentran en destinos de Oriente Próximo como Omán, Jordania o Dubái, así como en itinerarios con escalas en grandes aeropuertos del Golfo, esenciales para vuelos hacia Asia y Oceanía. Sin embargo, agencias y aerolíneas subrayan que existen alternativas de conexión y múltiples destinos disponibles, y los viajes combinados a Asia con salidas a medio plazo continúan operando con normalidad.
El impacto en los precios también preocupa. El encarecimiento del petróleo ya repercute en la gasolina y podría trasladarse a los billetes de avión si la situación se prolonga. Algunas aerolíneas de larga distancia, como Air France-KLM, Qantas o Air India, han anunciado ajustes tarifarios, mientras que la Asociación de Líneas Aéreas recuerda que el combustible representa hasta el 30 % de los costes operativos y que la volatilidad de los precios podría afectar el gasto de los viajeros.
En paralelo, España podría convertirse en un destino refugio, tal como ocurrió en conflictos anteriores como la Primavera Árabe. Regiones como Baleares, Canarias y las costas mediterráneas podrían beneficiarse de un aumento de la demanda, mientras que países afectados por la inestabilidad pierden turistas y reservas. El efecto final dependerá de la duración del conflicto y de la evolución de factores económicos como la inflación y los precios del transporte.
Aunque el sector se enfrenta a incertidumbre, los operadores turísticos confían en que la capacidad de adaptación y la oferta de destinos nacionales permitirán amortiguar el impacto de esta crisis internacional.








