Economía dominicana ante crisis petrolera por tensión en Irán

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La incertidumbre internacional volvió a colarse en la conversación económica dominicana. El repunte del petróleo, impulsado por la escalada de tensiones en Irán, amenaza con encarecer combustibles, transporte y electricidad en buena parte del mundo. En República Dominicana, el Gobierno asegura que ya tiene preparadas las herramientas para amortiguar el golpe y evitar que el impacto termine golpeando con fuerza el bolsillo de los ciudadanos.

De acuerdo con informaciones oficiales divulgadas por el Ministerio de Hacienda, el titular de la institución, Magín Díaz, explicó que el país enfrenta este escenario con una estrategia basada en estabilidad macroeconómica, previsión fiscal y coordinación entre las principales instituciones económicas del Estado. El funcionario sostuvo que mantener las cuentas públicas bajo control sigue siendo la mejor defensa frente a choques externos que escapan al control del país.

Durante una intervención en un programa radial de alcance nacional, Díaz transmitió un mensaje de calma mientras el mercado energético mundial se mantiene bajo presión. El incremento del petróleo, explicó, suele arrastrar consigo otros aumentos, especialmente en electricidad y transporte, lo que puede terminar filtrándose hacia el precio de bienes básicos. Aun así, aseguró que las autoridades trabajan para mitigar esos efectos y preservar el abastecimiento de productos esenciales.

El Gobierno, según detalló, mantiene reuniones permanentes para evaluar el escenario. En ese proceso participan entidades clave como el Banco Central y ministerios con incidencia directa en la producción y el consumo interno, incluyendo Agricultura. El objetivo es reaccionar con rapidez si el contexto internacional se deteriora o si los precios energéticos continúan escalando.

Una de las cartas que el Estado busca jugar en esta coyuntura es la planificación financiera adelantada durante el primer trimestre del año. Gran parte del financiamiento previsto en el Presupuesto General del Estado 2026 ya fue gestionado, lo que abre cierto margen para redistribuir recursos hacia sectores vulnerables si la situación internacional obliga a tomar medidas de apoyo.

Esa capacidad de maniobra fiscal no es un detalle menor. Economistas coinciden en que los países que llegan a una crisis externa con liquidez disponible y acceso a financiamiento suelen reaccionar con mayor rapidez. En el caso dominicano, el Gobierno sostiene que la credibilidad crediticia del país facilita la posibilidad de acudir a mercados internacionales en condiciones competitivas si fuera necesario.

La presión del petróleo, sin embargo, sigue siendo un factor delicado para cualquier economía importadora de energía. En América Latina, varios gobiernos enfrentan el mismo dilema: absorber parte del impacto mediante subsidios o permitir que los precios reflejen los movimientos del mercado internacional. La República Dominicana ha transitado históricamente por una combinación de ambas fórmulas, ajustando subsidios de forma temporal cuando los picos de precios se vuelven demasiado pronunciados.

A favor del país juega un elemento estructural que hace una década tenía menor peso la diversificación de la matriz energética. La expansión de energías renovables especialmente solar y eólica ha reducido gradualmente la dependencia del petróleo en la generación eléctrica. Eso no elimina la presión, pero sí suaviza su alcance en comparación con crisis energéticas anteriores.

El contexto global tampoco es sencillo. La actual tensión se suma a una cadena de shocks que han marcado la economía mundial en los últimos años. Primero llegó la pandemia del COVID-19, luego la guerra entre Rusia y Ucrania que disparó los precios de alimentos y energía, y más tarde una etapa prolongada de tasas de interés elevadas en los mercados financieros internacionales.

En medio de ese escenario, el Ministerio de Hacienda insiste en que uno de los desafíos estructurales del país sigue siendo elevar la inversión pública. El déficit estructural del producto interno bruto ronda actualmente el 3 %, una realidad que durante años ha limitado la capacidad del Estado para financiar obras de infraestructura de gran escala.

Para Díaz, esa inversión no es un lujo sino una pieza clave del crecimiento económico. Carreteras, puertos, sistemas energéticos y logística moderna funcionan como la base que permite al sector privado expandir la producción y atraer nuevas inversiones. Cuando esas infraestructuras se quedan cortas, el desarrollo termina tropezando con cuellos de botella que frenan la competitividad.

En paralelo, el Gobierno estudia mecanismos administrativos para reducir la evasión fiscal y mejorar la recaudación. Incrementar los ingresos del Estado, sin elevar necesariamente la carga tributaria, aparece como una vía para financiar más proyectos de infraestructura y fortalecer la capacidad de respuesta ante futuras crisis.

La economía dominicana ha demostrado en los últimos años una notable resiliencia frente a turbulencias externas. Ahora enfrenta otro capítulo en esa historia de adaptación, con el precio del petróleo recordando, una vez más, que los acontecimientos geopolíticos pueden sentirse con rapidez incluso en los mercados más lejanos.

Redacción
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