Las interrupciones en el acceso a Telegram comenzaron a sentirse con fuerza esta semana en varias ciudades de Rusia, dejando a millones de usuarios con dificultades para enviar y recibir mensajes. La ralentización de la aplicación evidencia la creciente presión que enfrentan los servicios de mensajería frente a las autoridades del país.
Según reporta EFE, los problemas son especialmente notorios en Moscú y San Petersburgo, donde los usuarios han reportado más de 2.500 fallos en apenas unas horas. La medida forma parte de un plan del gobierno ruso que incluso apunta a limitar el uso de redes privadas virtuales (VPN), herramientas que muchos empleaban para mantener la conectividad con la aplicación.
La Duma rusa exige que Telegram aloje los servidores de datos dentro del país, lo que genera preocupaciones sobre la privacidad de los internautas. Además, las autoridades acusan al servicio de mensajería de facilitar actividades ilícitas, mientras que su fundador, Pável Dúrov, sostiene que la verdadera intención es controlar la libertad de expresión en Rusia.
El impacto es considerable: se estima que unos 100 millones de rusos utilizan Telegram, y la actual ralentización se produce tras bloqueos previos de WhatsApp y otras plataformas de comunicación. Expertos advierten que este tipo de medidas podrían incentivar el uso de alternativas menos reguladas y aumentar la migración hacia aplicaciones cifradas que prioricen la privacidad.
La situación plantea interrogantes sobre el equilibrio entre seguridad, regulación y derechos digitales, mientras usuarios y empresas se preparan para enfrentar restricciones cada vez más estrictas en el ecosistema de comunicaciones del país.








