Shigeaki Mori, reconocido superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima, falleció a los 86 años, dejando un legado de memoria y reconciliación que trascendió fronteras. Su vida estuvo marcada por la tragedia de aquel 6 de agosto de 1945, cuando apenas contaba con ocho años y la explosión nuclear devastó su ciudad natal, cobrando decenas de miles de vidas.
Tal como informa swissinfo, Mori dedicó décadas a preservar la historia de las víctimas y a rescatar los nombres de prisioneros de guerra estadounidenses fallecidos tras la detonación, un trabajo que le valió reconocimiento internacional. Su compromiso con la memoria histórica alcanzó mayor visibilidad en 2016, durante la histórica visita de Barack Obama a Hiroshima, cuando protagonizaron un emotivo abrazo en el Hiroshima Peace Memorial Park, símbolo de reconciliación y paz.
Mori se convirtió en una de las voces más activas entre los hibakusha, término japonés que designa a los sobrevivientes de las bombas atómicas. A lo largo de su vida, combinó la investigación histórica con la difusión de lecciones sobre la guerra y la violencia nuclear, motivando a nuevas generaciones a recordar y aprender de lo sucedido.
Más allá de su labor investigativa, su figura representa un puente entre pasado y presente, recordando al mundo la importancia de mantener viva la memoria de Hiroshima para evitar que tragedias similares se repitan. Su legado perdurará como ejemplo de resiliencia y compromiso con la paz.








