En plena crisis de seguridad que golpea a Haití, tres presuntos traficantes dos jamaiquinos y un bahameño cayeron abatidos en la Isla de la Tortuga durante un enfrentamiento con unidades especializadas de la Policía Nacional. El decomiso de 1.045 kilos de cocaína pone de nuevo la lupa sobre el corredor marítimo caribeño, cada vez más cotizado por las redes criminales que intentan sortear los radares de la región.
Según la agencia EFE, el Ministerio de Justicia haitiano destacó la “valentía y vigilancia” de los agentes de la BLTS y la UDMO que lideraron la operación. La propia Policía confirmó además varias detenciones asociadas al caso y recalcó que el combate al narcotráfico es vital para contener los efectos sanitarios y sociales del consumo de drogas en la isla.
El tamaño del alijo no es un simple dato suelto: supera en 45 kg la incautación realizada en enero por el Caribbean Corridor Strike Force al sur de Isla Saona, República Dominicana. Aquel golpe rondó los 72 millones de dólares en valor callejero. La coincidencia en magnitud evidencia que las organizaciones llevan cargamentos cada vez mayores por rutas cercanas a las Antillas.
Las tendencias confirman la alarma. El Informe Mundial sobre Drogas 2024 de la UNODC situó al Caribe como “ruta emergente” para la cocaína que sale de Suramérica hacia Norteamérica y Europa, impulsada por la presión en el Pacífico y el auge de lanchas rápidas y semisumergibles . InSight Crime, por su parte, registró 27 toneladas incautadas solo en Costa Rica el año pasado, cifra récord atribuida al desplazamiento de cargamentos hacia el flanco oriental del continete.
Aunque el Ministerio haitiano identificó solo a uno de los fallecidos el jamaiquino Antony Jimmy, expertos locales advierten que la operación podría estar vinculada a redes mixtas que usan islas poco vigiladas como puntos de trasbordo, aprovechando la debilidad institucional y la falta de patrullaje costero. La Isla de la Tortuga, histórica guarida de corsarios, se confirma ahora como escala moderna de un negocio ilícito que se reinventa.
Para Haití, el golpe es un respiro, pero también un recordatorio incómodo sin refuerzos en puertos y aeropuertos, la presión migrará tan rápido como las lanchas que cruzan sus aguas. Mientras tanto, la comunidad internacional insiste en la creación de equipos interagenciales y el intercambio en tiempo real de inteligencia marítima. De lo contrario, como advirtió la UNODC, la “ruta del Caribe” seguirá ganando terreno y dejando a su paso violencia, corrupción y un lastre económico que pocos países de la región están preparados para soportar.








