Estados Unidos ha señalado que China podría haber realizado una detonación nuclear encubierta en 2020, un hecho que genera inquietud sobre un posible retorno de pruebas atómicas por parte de Washington tras casi tres décadas. La preocupación radica en que, según analistas estadounidenses, no querer quedarse en desventaja frente a potencias rivales podría reactivar la carrera nuclear.
Tal como informa EFE, el secretario de Estado adjunto de EE.UU. para control de armas, Christopher Yeaw, aseguró que China ejecutó ensayos nucleares explosivos cerca de la instalación secreta de Lop Nur, en Xinjiang. Según Yeaw, los métodos de Pekín incluían detonar dispositivos a gran profundidad para evadir la vigilancia internacional, y la explosión detectada alcanzó una magnitud de 2,76 en registros sísmicos provenientes de Kazajistán.
La Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares ha cuestionado estas afirmaciones, señalando que los eventos sísmicos detectados fueron demasiado pequeños para determinar su origen con certeza. Sin embargo, Yeaw insistió en que China podría estar ocultando pruebas nucleares y recordó que el expresidente Donald Trump ha manifestado interés en reanudar ensayos nucleares, interrumpidos desde 1992, argumentando que otras potencias también avanzan en este terreno.
El contexto global muestra que, aunque EE.UU., China y Rusia firmaron en 1996 el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, ni Washington ni Pekín lo ratificaron, y Rusia se apartó en 2023. Con la expiración reciente del tratado Nuevo START, se abre la discusión sobre la necesidad de un nuevo acuerdo que incluya a China, aunque hasta ahora Pekín se ha negado a sumarse.
El debate refleja no solo la complejidad geopolítica entre estas potencias, sino también el desafío de equilibrar la seguridad nacional con el riesgo de una escalada nuclear en un momento de tensiones crecientes.








