Los mercados energéticos globales enfrentarán un alivio temporal ante la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, tras la decisión de liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas. Esta medida busca compensar la pérdida de suministro y reducir la presión sobre los precios internacionales del crudo.
Tal como informa EFE, se trata del mayor volumen de reservas estratégicas utilizado desde la creación de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en 1974. La decisión fue adoptada por unanimidad entre los 32 países miembros, destacando la urgencia de restaurar la navegación en esta vía crítica para el petróleo y el gas natural.
El estrecho de Ormuz es clave para el comercio mundial de energía: antes del conflicto, transportaba alrededor de 15 millones de barriles diarios de crudo y otros 5 millones en derivados, lo que representaba cerca del 25 % del flujo marítimo global. Con el cierre parcial, las exportaciones se redujeron a menos del 10 %, y algunos países han ajustado su producción mientras infraestructuras energéticas han sufrido ataques y daños significativos.
Desde su creación, la AIE ha recurrido a sus reservas estratégicas en cinco ocasiones, incluyendo las medidas adoptadas en 2022 durante la invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, nunca se había movilizado un volumen tan elevado como el actual, que equivale a un tercio de los 1.200 millones de barriles totales de estas reservas.
Además del petróleo, el suministro de gas natural enfrenta riesgos similares. Cerca del 20 % del gas licuado que se consume globalmente proviene del golfo Pérsico, principalmente de Catar y Emiratos Árabes Unidos, y la interrupción en Ormuz bloquea también los metaneros, aumentando la tensión en los mercados energéticos.
España, según indicó la vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, apoyará la medida. El país contribuirá con alrededor del 2 % de las reservas, lo que equivaldría a liberar combustible para 12 días y medio, reforzando la respuesta colectiva para estabilizar los precios internacionales.
Esta acción refleja la misión fundacional de la AIE garantizar la seguridad energética global mediante mecanismos coordinados que respondan a crisis imprevistas, buscando minimizar impactos en economías y consumidores.








