Las conversaciones para frenar la guerra en Ucrania entran en una fase más técnica que política. Aunque el cese de hostilidades sigue sin concretarse, los equipos negociadores han logrado avanzar en un punto clave: cómo verificar que un eventual alto el fuego se cumpla realmente sobre el terreno.
Al término de las reuniones celebradas en Ginebra, el presidente Volodimir Zelenski explicó según informó EFE que los contactos entre delegaciones ucranianas, rusas y estadounidenses permitieron definir mecanismos de supervisión militar, aunque persisten profundas diferencias en los aspectos políticos del acuerdo.
“El ejército sabe cómo monitorizar un alto el fuego y el final de la guerra cuando exista voluntad política”, expresó el mandatario en un mensaje de voz remitido a periodistas. La frase resume el momento actual la arquitectura técnica empieza a delinearse, pero la decisión estratégica aún no encuentra consenso.
Zelenski detalló que Estados Unidos participará en el sistema de verificación, un elemento que Kiev considera fundamental para evitar incumplimientos como los registrados tras los acuerdos de Minsk en 2014 y 2015. Aquellos pactos, firmados tras la anexión de Crimea y el estallido del conflicto en el este ucraniano, fracasaron en buena medida por la falta de garantías efectivas de supervisión internacional.
El jefe del Estado Mayor ucraniano, Andrí Gnatov, forma parte del equipo negociador y será quien ofrezca al Ejecutivo en Kiev los detalles técnicos acordados. En esta etapa, el diseño del monitoreo incluye presencia internacional y coordinación directa con Washington, una señal de que la Casa Blanca mantiene un rol activo en la mediación.
Donbás y Zaporiyia el nudo político
Las fricciones más delicadas giran en torno al control territorial. Las posiciones siguen distantes sobre el futuro del Donbás, epicentro histórico del conflicto, y sobre quién administrará la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por fuerzas de Rusia desde los primeros días de la invasión a gran escala iniciada en 2022.
El componente nuclear añade presión internacional. El Organismo Internacional de Energía Atómica ha advertido en repetidas ocasiones sobre los riesgos de militarización en instalaciones atómicas activas. La planta de Zaporiyia, la mayor de Europa, se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad energética y estratégica del conflicto.
A nivel geopolítico, el reparto territorial no es solo una cuestión de líneas en el mapa. Afecta corredores industriales, acceso a recursos minerales estratégicos y la configuración de seguridad en el este de Europa. Cualquier concesión tendrá impacto directo en el equilibrio regional y en la futura arquitectura de defensa ucraniana.
Europa reclama protagonismo
Uno de los elementos que Kiev valora positivamente es la mayor presencia europea en la mesa. Zelenski expresó satisfacción por la participación de representantes de Reino Unido, Alemania, Francia e Italia.
Para Ucrania, la implicación directa de estas potencias supone un respaldo político y financiero en un momento en que la guerra ha erosionado infraestructura, economía y población. Europa no solo es el principal socio comercial de Kiev, también ha sido uno de sus mayores proveedores de ayuda militar y humanitaria desde el inicio de la invasión.
La ampliación del formato negociador sugiere que el conflicto ha dejado de ser exclusivamente un pulso bilateral entre Kiev y Moscú. Se trata ahora de un asunto de seguridad continental, con implicaciones para la OTAN, la política energética europea y la estabilidad del mercado global de alimentos y materias primas.
Un alto el fuego aún lejano
El hecho de que las partes hayan acordado continuar reuniéndose abre una ventana diplomática que no existía hace meses. Sin embargo, la experiencia acumulada en este conflicto demuestra que los avances técnicos pueden evaporarse rápidamente si no existe voluntad política sostenida.
Mientras tanto, el frente militar sigue activo y la población civil continúa pagando el precio más alto. Cada ronda de diálogo genera expectativas dentro y fuera de la región, pero el verdadero desafío será traducir los borradores y los protocolos en hechos verificables sobre el terreno.
El camino hacia un alto el fuego estable pasa ahora por convertir la ingeniería militar en compromiso político. Esa es la frontera que las negociaciones deberán cruzar si se aspira a algo más que una pausa temporal en la guerra.








