Los avances en neurociencia siguen empujando las fronteras de lo posible, y un grupo de investigadores españoles acaba de aportar una pista que podría cambiar la forma en que se detecta el alzhéimer. Su trabajo sugiere que la sangre podría revelar, con notable fidelidad, lo que ocurre en una región del cerebro clave para la memoria.
Según la agencia EFE, el estudio realizado por especialistas del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima Plataforma Bionand) y la Universidad de Málaga identificó complejos moleculares en las células blancas que reflejan el estado del hipocampo, una zona vital para la formación de recuerdos. La presencia de estas estructuras conjunto de proteínas receptoras que regulan la plasticidad neuronal y la generación de nuevas neuronas ofrece una ventana accesible para observar procesos que antes solo podían evaluarse mediante técnicas invasivas o costosas.
El equipo trabajó con modelos experimentales en ratas que simulaban distintas etapas del alzhéimer. En ambos escenarios, tanto en la fase inicial como en la más avanzada, se detectaron alteraciones paralelas en el hipocampo y en la sangre. Ese hallazgo reforzó la hipótesis de una comunicación más estrecha entre el sistema nervioso central y el inmunológico de lo que se pensaba. Este punto ha llevado a varios grupos de investigación internacionales a replantearse la idea de que el deterioro cognitivo ocurre únicamente “arriba”, en el cerebro, cuando quizá el cuerpo entero participa en esa conversación silenciosa.
Los investigadores plantean que un análisis de sangre mediante la técnica PLA (ensayo de ligación por proximidad) podría convertirse en una herramienta temprana para identificar a quienes se encuentran en riesgo, incluso antes de experimentar fallos de memoria. Actualmente, los métodos diagnósticos más fiables incluyen punciones lumbares o estudios de imagen como el PET, procedimientos que no siempre están al alcance de la población y que, además, suelen detectar la enfermedad cuando el daño ya está avanzado.
El interés de la comunidad científica por este enfoque no es casual. En la última década, laboratorios en Estados Unidos, Suecia y Japón han logrado detectar en sangre proteínas asociadas al alzhéimer, como la beta-amiloide y la tau fosforilada. Sin embargo, la posibilidad de medir cambios funcionales del hipocampo de forma indirecta supone un nivel adicional de precisión. El neurólogo Pedro Serrano-Castro destacó que esta aproximación acerca a una práctica clínica más personalizada, donde cada paciente pueda ser monitoreado sin someterse a procedimientos invasivos.
Isabel Moreno-Madrid, otra de las investigadoras líderes, subrayó que esta línea de trabajo busca adelantarse a los síntomas, un objetivo crucial si se toma en cuenta que los tratamientos actuales funcionan mejor en las primeras etapas. Una detección precoz permitiría iniciar intervenciones que enlentezcan la progresión, mejoren la calidad de vida y faciliten el acompañamiento familiar desde un momento menos crítico.
Mientras el equipo se prepara para estudios en humanos, el entusiasmo es palpable. Falta validar la técnica en poblaciones más amplias, entender su sensibilidad y determinar si puede integrarse en los sistemas de salud, pero el simple hecho de poder “leer” el estado del cerebro desde la sangre abre un camino esperanzador. Para un país con una población que envejece como España y para sociedades como la dominicana, donde el alzhéimer incrementa su presencia silenciosamente esta alternativa podría transformar las políticas de prevención y diagnóstico.








