El acceso a herramientas prácticas y conocimiento especializado sigue marcando la diferencia en sectores donde las oportunidades escasean. En Capotillo, una de las comunidades más emblemáticas de Santo Domingo, se abre una nueva puerta para jóvenes y adultos que buscan formarse y construir un futuro más estable a través del trabajo digno.
Según informó la Presidencia, la primera dama Raquel Arbaje encabezó la apertura de un aula de informática y un taller enfocado en peluquería, belleza y cuidado personal, espacios concebidos para impulsar la formación técnico-profesional en la zona. La iniciativa cuenta con el respaldo del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), entidad que facilitó los equipos necesarios para poner en marcha ambos programas.
La apuesta no es casual. En contextos urbanos con alta densidad poblacional y limitadas oportunidades formales, la capacitación técnica se convierte en una vía directa hacia la empleabilidad o el emprendimiento. Arbaje lo dejó claro al señalar que este tipo de proyectos no solo brindan conocimientos, sino que también fortalecen la autoestima y la independencia económica de quienes participan.
El impacto potencial se siente especialmente entre mujeres y jóvenes, dos grupos que históricamente enfrentan mayores barreras para insertarse en el mercado laboral. La posibilidad de aprender habilidades en áreas como la informática o la estética abre caminos tanto en el empleo formal como en iniciativas propias, desde salones de belleza hasta servicios digitales.
Desde Infotep, su directora general, Maira Morla Pineda, explicó que esta acción forma parte de una estrategia más amplia orientada a llevar formación de calidad directamente a las comunidades. No se trata únicamente de habilitar espacios físicos, sino de garantizar procesos formativos completos, con instructores capacitados, materiales adecuados y estándares alineados a las demandas actuales del mercado.
En esa misma línea, el acompañamiento institucional será clave para la sostenibilidad del proyecto. La inclusión de programas continuos y la supervisión técnica permitirán que los beneficiarios no solo adquieran conocimientos básicos, sino competencias reales que puedan traducirse en ingresos.
A nivel comunitario, la iniciativa ha sido recibida como una oportunidad concreta de transformación. Líderes locales valoran que estas acciones contribuyan a reducir la brecha social, ofreciendo alternativas productivas frente a contextos marcados por la informalidad.
La experiencia dominicana en formación técnico-profesional ha demostrado que cuando el Estado, las instituciones y la comunidad trabajan de la mano, los resultados trascienden lo inmediato. Más allá de un aula equipada o un taller funcional, lo que se pone en marcha es un proceso que puede cambiar trayectorias de vida.
Capotillo suma así un nuevo capítulo en su historia de resiliencia, esta vez apostando al conocimiento como motor de desarrollo.








