La tarde se transformó en un punto de encuentro para la comunidad de Loma de Cabrera cuando las primeras notas de la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo comenzaron a llenar el entorno del monumento al Grito de Capotillo. Familias enteras, jóvenes y adultos mayores se acercaron para vivir una experiencia musical poco habitual en la zona fronteriza, pero recibida con un entusiasmo que hablaba por sí solo.
El ambiente se fue cargando de expectativa mientras el maestro Amaury Sánchez conducía a la orquesta a través de un repertorio que paseaba entre piezas clásicas reconocidas y obras profundamente ligadas a la tradición dominicana. La propuesta artística se insertó dentro de los esfuerzos institucionales que impulsan la actividad cultural en las comunidades más apartadas y que buscan reforzar la memoria colectiva desde espacios simbólicos como este.
La presentación se enmarcó en una estrategia más amplia orientada a dinamizar la vida cultural en la frontera y a fortalecer la conexión de los habitantes con su propio acervo. Estos programas complementan iniciativas regionales recientes que han dado prioridad a la música como herramienta de cohesión social, una tendencia que también se observa en otras provincias limítrofes donde se han realizado encuentros artísticos de corte comunitario.
Las autoridades presentes, entre ellas el ministro de Cultura Roberto Ángel Salcedo y el presidente del Indotel, Guido Gómez Mazara, acompañaron la actividad junto a representantes locales. Su asistencia respondió al interés de respaldar proyectos que integran tradición, patrimonio y participación ciudadana, elementos que se han convertido en ejes de la política cultural de los últimos años.
En el escenario, la Filarmónica recorrió obras de Gerónimo Giménez, Rossini, Puccini y Verdi, combinadas con piezas de autores dominicanos como Rafael Solano, Ñico Lora, Bienvenido Bustamante, Julio Alberto Hernández, Juan Luis Guerra y Luis Alberti. La interpretación de la orquesta, sumada a las voces de Elianny Rivas y Otilio Castro, creó un ambiente donde lo clásico y lo local se mezclaban con naturalidad.
Durante sus palabras, Salcedo explicó que conciertos como este forman parte de una agenda sostenida para llevar propuestas artísticas de calidad a numerosas comunidades del país. La intención es expandir el acceso a la cultura y reforzar el vínculo de la población con los símbolos que han dado forma a la identidad nacional, especialmente en territorios que históricamente han tenido menos oportunidades de recibir producciones de este tipo.
La respuesta del público fue una muestra clara del impacto que puede tener la música cuando llega de forma directa y cercana. El aplauso final, prolongado y vibrante, selló una jornada en la que el arte se convirtió en puente entre generaciones y en recordatorio del valor que posee un país cuando mira hacia su propia riqueza cultural con decisión y orgullo.








