Barcelona aparece de nuevo en el mapa de uno de los casos criminales más turbios de las últimas décadas. Una reciente desclasificación de documentos judiciales en Estados Unidos vuelve a colocar a la ciudad como un punto clave dentro del entramado internacional de Jeffrey Epstein, el financiero acusado de abusar sexualmente de menores y jóvenes vulnerables bajo una estructura cuidadosamente diseñada.
Según información contenida en miles de correos electrónicos ahora en poder del Departamento de Justicia estadounidense, la capital catalana habría sido utilizada como espacio estratégico para la captación de mujeres. De acuerdo con EFE, los mensajes revelan una relación constante entre Epstein y Daniel Siad, identificado en los documentos como un facilitador que operaba desde Barcelona.
El intercambio de correos deja ver un patrón que se repite Siad localizaba a jóvenes, las alojaba durante semanas en ocasiones en su propia vivienda y enviaba fotografías y videos a Epstein para que este evaluara su apariencia física. En varios mensajes, el tono resulta descarnado, con comentarios explícitos del empresario sobre los cuerpos de las mujeres, reducidas a simples mercancías dentro de un sistema de explotación.
Los archivos también describen cómo el negocio del modelaje servía como fachada. La promesa de contactos con agencias y oportunidades profesionales funcionaba como anzuelo para atraer a mujeres jóvenes, muchas de ellas extranjeras, que terminaban atrapadas en una dinámica de control, dependencia y abuso. No es un método nuevo, pero sí uno que aparece documentado con crudeza en esta nueva tanda de pruebas.
La magnitud del material divulgado da una idea del alcance de la investigación. El Departamento de Justicia hizo públicos más de tres millones de páginas de documentos, junto a unos 2,000 videos y cerca de 180,000 imágenes recopiladas durante años de pesquisas. Este volumen refuerza la tesis de que Epstein no actuaba solo, sino dentro de una red internacional con múltiples colaboradores y puntos de operación.
Epstein fue hallado muerto en 2019 en una prisión federal de Nueva York, mientras aguardaba juicio. Oficialmente, su muerte fue catalogada como suicidio, aunque las circunstancias siguen generando sospechas y debates. Cada nueva revelación reabre viejas heridas y plantea preguntas incómodas sobre hasta dónde llegó realmente la red que ayudó a sostener sus crímenes y cuántos de sus engranajes aún permanecen en la sombra.








