La ciencia sigue teniendo rostro masculino en demasiadas aulas y laboratorios, y Canarias no escapa a esa realidad. Un estudio reciente plantea introducir en Secundaria una asignatura específica de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) como vía directa para despertar vocaciones tempranas y equilibrar una balanza que todavía se inclina hacia los hombres.
Según EFE, la propuesta fue presentada durante el acto institucional por el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, organizado por el Gobierno de Canarias. Allí se expusieron los resultados de la segunda edición del estudio MUCICA, impulsado por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, con la colaboración de la Fundación DISA.
La consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura, Migdalia Machín, insistió en una idea que debería ser obvia, pero que aún necesita repetirse el talento no tiene género. El desafío, sin embargo, no es solo discursivo. Las cifras revelan que, aunque el 90 % del alumnado preuniversitario encuestado 1.311 estudiantes de 35 centros en las ocho islas desea cursar estudios superiores, apenas entre el 22 % y el 23 % muestra interés en titulaciones STEM.
El patrón se repite con matices conocidos. Las alumnas se inclinan mayoritariamente por Ciencias de la Salud y Ciencias Sociales, mientras los varones dominan las preferencias en Ingeniería e Informática. En las ciencias básicas aparece una paridad más alentadora, un terreno fértil donde reforzar la presencia femenina antes de que la brecha se ensanche.
El informe también deja al descubierto un fenómeno preocupante: muchas estudiantes que inician carreras STEM no las tenían como primera opción o descubren que no se ajustan a sus expectativas. Los dos primeros años universitarios se convierten entonces en un punto de inflexión donde se consolidan vocaciones… o se abandonan. La infrarrepresentación femenina persiste con especial crudeza en las ingenierías, confirmando que la desigualdad no comienza en la universidad, sino mucho antes.
A esto se suman factores estructurales. El contexto insular, las limitaciones socioeconómicas, la falta de referentes visibles y la desmotivación influyen en decisiones académicas que terminan marcando trayectorias profesionales. En islas no capitalinas, el interés por estudios STEM es aún menor, lo que añade una dimensión territorial al problema.
La directora de la Fundación DISA, Sara Mateos, puso el foco en la necesidad de referentes cercanos. Nombres como la astrofísica tinerfeña Antonia Varela o la física aplicada Catalina Ruiz, Premio Canarias de Investigación e Innovación Científica en 2017, sirven de espejo donde las jóvenes puedan verse reflejadas. Cuando una estudiante identifica a alguien que se parece a ella ocupando espacios de liderazgo científico, la posibilidad deja de ser abstracta.
El debate canario conecta con una tendencia global. Datos de la UNESCO indican que solo alrededor del 35 % de quienes cursan carreras STEM en el mundo son mujeres, y la proporción desciende en áreas como ingeniería y tecnologías de la información. España ha avanzado en presencia femenina en algunas disciplinas científicas, pero mantiene desequilibrios marcados en ingenierías y carreras tecnológicas, según informes del Ministerio de Ciencia e Innovación.
Incorporar una asignatura STEM en Secundaria no resolverá por sí sola una brecha que tiene raíces culturales y económicas, aunque sí podría actuar como palanca temprana. Si se acompaña de políticas de conciliación reales, mentorías activas y visibilidad de científicas locales, el impacto podría sentirse más allá de las aulas.
Canarias enfrenta el reto de transformar interés potencial en vocación sostenida. El talento está ahí. Lo que falta es un ecosistema que lo cuide desde el primer experimento en el laboratorio escolar hasta el salto definitivo al tejido profesional.








