Narges Mohammadi, la activista y Nobel de la Paz, vuelve a enfrentar el rigor de las cárceles iraníes. Más de siete años de prisión y un exilio interno la separan de su hogar, en medio de la ola de represión que sacude Teherán tras las protestas masivas y la muerte de miles de manifestantes.
Según EFE, un Tribunal Revolucionario en Mashhad la condenó a seis años por “reunión y colusión” y un año y medio por propaganda, además de dos años de prohibición de viajar y dos más de exilio interno en Khosf, a más de 700 kilómetros de la capital. Su abogado, Mostafa Nili, informó que la sentencia se dictó sin margen real de defensa, un sello habitual de estos tribunales.
Mohammadi, de 53 años, llevaba en huelga de hambre desde el 2 de febrero y solo la terminó tras conocer el fallo, debido al empeoramiento de su salud. Arrestada en diciembre durante un homenaje al abogado Khosrow Alikordi, no ha dejado de alzar la voz. Se le ha visto protestando frente a la prisión de Evin, donde estuvo detenida, y participando en medios internacionales, desafiando abiertamente la represión.
Su historial de salud es preocupante múltiples ataques cardíacos y cirugías de emergencia. Pese a ello, nunca ha abandonado su lucha. Mohammadi cumplía anteriormente más de 13 años de condena por cargos vinculados a la seguridad del Estado y por apoyar las protestas que surgieron tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, cuando mujeres iraníes se rebelaron contra el uso obligatorio del hiyab.
Agnes Callamard, de Amnistía Internacional, denunció en X que esta sentencia es un reflejo de la “represión letal en aumento contra la disidencia”. En Irán, la voz crítica sigue siendo perseguida, y Mohammadi es un símbolo de resistencia frente a un régimen que endurece cada vez más su control.








