El pasado viernes 22 de agosto de 2025, Tropical Depression Isang, con vientos sostenidos de hasta 55 km/h y ráfagas de 90 km/h, impactó a Filipinas, generando inundaciones en Manila y otras provincias del norte, además de provocar cancelaciones de vuelos y activar señales de alerta en amplias zonas del país.
En su boletín inicial de ese día, la PAGASA confirmó que el sistema, localizado al este de la provincia de Aurora, adquirió la categoría de depresión tropical y fue nombrado Isang. Poco después, hacia las 09:50 hora local (01:50 UTC), Isang tocó tierra en Casiguran, Aurora.
La entidad meteorológica filipina activó la Señal de Viento Nº 1 en diversas regiones como Cagayan, Isabela, la Cordillera, Ilocos, Aurora, partes de Nueva Ecija, entre otras, previendo intensificaciones del monzón suroeste (habagat) que podrían generar vientos y lluvias intensas.
Según el sitio Philstar, a mediodía del viernes la CAAP informó que se cancelaron seis vuelos y tres fueron desviados. Detalles más precisos publicados por Manila Standard revelaron que nueve vuelos domésticos resultaron afectados, entre cancelaciones y desvíos, afectando a 1 019 pasajeros.
Las lluvias provocadas por Isang, junto con el monzón, causaron severas inundaciones en Metro Manila. Calles anegadas dificultaban la circulación, obligando incluso a que algunas áreas suspendieran actividades y clases, según reportes de Gobiernos locales anunciados durante el día.
Según el último boletín disponible de PAGASA, emitido a las 11:00 p. m. del mismo 22 de agosto, Isang ya se había adentrado en el Mar de China Meridional (West Philippine Sea) tras atravesar el norte de Luzón. Se estimó que continuaría desplazándose hacia el oeste, saliendo del área de responsabilidad de Filipinas entre la mañana o tarde del sábado 23. Se mantiene la previsión de que se intensifique a tormenta tropical y pudiera evolucionar a tormenta tropical severa al aproximarse a Hainan, China.
Este último episodio con Isang ocurre apenas un mes después de las devastadoras inundaciones causadas por tormentas consecutivas en julio, que dejaron al menos 25 muertos, y evidencia nuevamente las vulnerabilidades en infraestructura de control de aguas, lo que ha encendido debates sobre la gestión pública y posibles fallas en proyectos de mitigación.








