Las autoridades sanitarias de Jamaica están lidiando con un escenario complejo luego del impacto del huracán Melissa, que dejó a su paso no solo daños materiales, sino también un ambiente propicio para la propagación de enfermedades asociadas a la contaminación del agua.
Según informó EFE, el Ministerio de Salud confirmó un incremento inusual de casos de leptospirosis en las últimas semanas, una situación que ha encendido las alarmas del sector público. Entre finales de octubre y el 20 de noviembre, se verificaron nueve diagnósticos positivos y se identificaron 28 casos probables, un salto notable frente al comportamiento histórico de la enfermedad en el país.
El ministro Christopher Tufton explicó que las inundaciones y el arrastre de desechos generados por Melissa facilitaron la exposición de la población a suelos y aguas contaminadas. Aunque la leptospirosis es común en zonas tropicales, los brotes suelen estar vinculados a eventos extremos como huracanes o lluvias prolongadas, un patrón observado también en otros países del Caribe y Centroamérica, de acuerdo con informes de la Organización Panamericana de la Salud.
Mientras se atiende la emergencia epidemiológica, el Gobierno jamaicano avanza en la creación de la Autoridad Nacional de Reconstrucción y Resiliencia (NARA), diseñada para centralizar y agilizar los esfuerzos de recuperación tras el paso del ciclón. Esta estructura busca evitar duplicación de funciones y acelerar la respuesta estatal en un momento de alta presión social y económica.
Los daños que dejó Melissa son de una magnitud histórica. Un análisis conjunto del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo calculó pérdidas por 8.800 millones de dólares, equivalentes al 41 % del PIB proyectado para 2024. La cifra supera ampliamente la de huracanes anteriores registrados en la isla, consolidando a Melissa como el fenómeno más costoso para Jamaica.
El impacto físico también ha sido severo datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo indican que cerca del 10 % de las edificaciones del país resultó destruido o afectado de forma crítica. Además, los más de 4,8 millones de toneladas de escombros generados representan un reto logístico enorme, pues implican meses de trabajo y miles de desplazamientos de equipos pesados para su retiro.
Las cifras humanas siguen siendo dolorosas. El Gobierno reportó al menos 45 fallecidos y mantiene la búsqueda de 15 personas desaparecidas. En paralelo, equipos de salud continúan monitoreando comunidades vulnerables para contener la expansión de enfermedades post-desastre, un esfuerzo crucial en un territorio donde las lluvias intensas suelen reactivar focos infecciosos.
Con la reconstrucción apenas comenzando y la emergencia sanitaria bajo vigilancia estricta, Jamaica encara semanas decisivas para recuperar la estabilidad tras el golpe de un huracán que marcó un antes y un después en la isla.








