Hace 40 años, la humanidad puso en órbita la MIR, la primera estación espacial multimodular tripulada, que no solo impulsó la exploración orbital, sino que también se convirtió en testigo silencioso del final de la Unión Soviética. Su historia combina ambición tecnológica, desafíos económicos y logros científicos que siguen influyendo en la cooperación internacional en el espacio.
Tal como informa EFE, la MIR nació de una propuesta presentada por la corporación Energuia en 1976 y, tras superar años de retrasos y competencia con el programa Burán, logró lanzar su módulo central el 19 de febrero de 1986, en pleno inicio de la Perestroika bajo Mijaíl Gorbachov. Esta estación se convirtió en un símbolo de perseverancia tecnológica en medio de una crisis política y económica sin precedentes.
A lo largo de sus 15 años de actividad, la MIR enfrentó desafíos constantes. La desintegración de la URSS redujo drásticamente la financiación de la Federación Rusa, limitando recursos que apenas alcanzaban para mantener la estación en funcionamiento. Problemas estructurales, incendios y colisiones como el choque de la Soyuz TM-17 con el módulo Kristall y el incidente con la Progress-M34 aumentaron los costos y complicaron su operación, marcando la cuenta regresiva hacia su final.
Intentos de mantener la estación activa incluyeron la cooperación internacional mediante el programa Shuttle-Mir, que permitió la visita de transbordadores estadounidenses y la integración de astronautas de ambos países en misiones conjuntas. Incluso hubo propuestas inusuales, como la del entonces presidente de Irán, Mohamed Jatamí, de adquirir la plataforma con fines militares y financiar su mantenimiento, pero llegaron demasiado tarde. Finalmente, el 23 de marzo de 2001, la MIR reentró en la atmósfera y sus restos cayeron en el Pacífico.
Pese a los desafíos, la MIR dejó un legado invaluable. Fue habitada durante 4.595 días, recibió 15 tripulaciones y 58 cargueros Progress, y albergó más de 190.000 experimentos en 24 programas científicos internacionales. Sus 71 caminatas espaciales y el flujo constante de suministros consolidaron la estación como un laboratorio único en la historia de la exploración espacial, sentando las bases para la Estación Espacial Internacional.








