José María Balcázar, el nuevo presidente interino de Perú, ha asumido el cargo en medio de una fuerte controversia, acumulando imputaciones por hasta trece delitos que incluyen prevaricato, fraude y estafa. El mandatario transitorio califica estas acusaciones como difamaciones y “leyendas negras”, asegurando que la mayoría están archivadas.
Según EFE, Balcázar, de 83 años, llegó a la Presidencia impulsado por Perú Libre, partido de izquierda que llevó a Pedro Castillo al poder en 2021, pero obtuvo el respaldo de partidos de derecha para liderar el Gobierno de transición tras la destitución de José Jerí, quien ocupó el cargo menos de cuatro meses antes de ser removido por investigaciones sobre tráfico de influencias.
Antes de asumir el liderazgo del país, Balcázar generó polémica al defender públicamente el matrimonio infantil y las relaciones sexuales con menores en ciertos contextos, argumentando que podrían beneficiar el desarrollo psicológico de las niñas. Además, se abstuvo de votar a favor de prohibir estos matrimonios mientras era congresista, manteniéndose firme en sus convicciones incluso después de proclamarse presidente.
Su historial profesional también está marcado por cuestionamientos: fue expulsado del Colegio de Abogados de Lambayeque, donde se desempeñó como decano, por apropiación de fondos y defraudación, y su paso como juez provisional en la Corte Suprema terminó con su retiro tras modificar una sentencia definitiva en 2004, hecho que comprometió su permanencia en el cargo.
Actualmente, Balcázar enfrenta una denuncia constitucional por supuestos intercambios de favores con la ex fiscal general Patricia Benavides, investigada por liderar una red de corrupción en la Fiscalía. La denuncia incluye posibles acuerdos para respaldar su permanencia en la Fiscalía a cambio de beneficios judiciales en procesos abiertos contra él, así como cuestionamientos sobre el nombramiento de su nuera como fiscal.
La combinación de antecedentes judiciales, polémicas legislativas y vínculos cuestionables en la Fiscalía coloca a Balcázar en el centro de un debate sobre la legitimidad y estabilidad del gobierno de transición en Perú, mientras la opinión pública observa de cerca los pasos de este político con un historial controvertido.








