El Kremlin mantiene cautela ante el nuevo escenario político en Venezuela. El presidente ruso, Vladímir Putin, no tiene previsto sostener conversaciones inmediatas con la mandataria venezolana en funciones, Delcy Rodríguez, aunque desde Moscú dejan claro que la puerta no está cerrada si la situación lo amerita.
Según informó la agencia EFE, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, explicó que una eventual comunicación entre Putin y Rodríguez no figura en la agenda inmediata del mandatario ruso, pero podría coordinarse con rapidez en caso de necesidad. Al mismo tiempo, subrayó que los contactos diplomáticos entre ambos gobiernos se mantienen activos.
Rodríguez asumió la presidencia encargada de Venezuela el pasado 5 de enero, en un contexto marcado por alta tensión política y militar, apenas dos días después de la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores, durante una operación encabezada por fuerzas estadounidenses en Caracas y en varios estados cercanos. El hecho sacudió el tablero regional y colocó a Caracas en el centro de la atención internacional.
La reacción de Rusia ha sido, hasta ahora, medida. A pesar de la histórica cercanía entre Moscú y Caracas con acuerdos energéticos, militares y financieros que se remontan a más de dos décadas, el gobierno ruso ha evitado una condena frontal a la detención de Maduro. Ese silencio contrasta con gestos previos de respaldo, como la visita que el propio Maduro realizó al Kremlin en mayo del año pasado.
Analistas internacionales interpretan esta postura como un intento del Kremlin de ganar tiempo y evaluar el nuevo equilibrio de poder en Venezuela, sin comprometer de inmediato su política exterior en América Latina. Rusia enfrenta, además, un escenario global complejo, con frentes abiertos en Europa del Este y tensiones persistentes con Washington, lo que obliga a Moscú a medir cada movimiento fuera de su entorno inmediato.
Mientras tanto, el futuro de la relación ruso-venezolana queda sujeto a la evolución de los acontecimientos en Caracas y a la capacidad del gobierno interino de sostener alianzas estratégicas en medio de la presión internacional. Por ahora, Moscú observa, mantiene líneas abiertas y se reserva el próximo paso.








