Más de dos tercios de los ciudadanos kazajos participaron este domingo en un referéndum histórico que promete transformar de manera significativa la Carta Magna del país. La consulta, considerada la más amplia desde la independencia en 1991, ha despertado interés por sus implicaciones políticas y sociales en la mayor república de Asia Central.
Según EFE, la Comisión Electoral Central informó que 9,1 millones de votantes acudieron a las urnas de un total de 12,4 millones registrados. Mientras Almaty, antigua capital y tradicional bastión crítico del gobierno, registró apenas un 33,43 % de participación, en la actual capital, Astaná, el 60,36 % del electorado ejerció su derecho al voto.
Los sondeos previos señalaban un respaldo superior al 70 % a las reformas, aunque existía incertidumbre sobre la respuesta de los jóvenes, sector al que el plebiscito está dirigido y que suele mostrar desconfianza hacia el aparato burocrático. El presidente Kasim-Yomart Tokáyev destacó que la Constitución de 1995 cumplió su función durante 35 años, pero que “el tiempo no se detiene”, subrayando que la nueva Carta Magna reforzará libertades fundamentales y la integridad territorial.
Entre los cambios más notables figura la transición hacia un Parlamento unicameral, denominado Kurultái, con 145 miembros elegidos cada cinco años mediante listas proporcionales de partidos, eliminando la cuota presidencial. Tokáyev sostiene que la reforma permitirá un Legislativo más influyente y un gobierno responsable, en contraste con un modelo previamente marcado por el presidencialismo fuerte.
No obstante, analistas y sectores opositores advierten que estas modificaciones podrían, en la práctica, consolidar aún más el poder presidencial y limitar la efectiva separación de poderes, a pesar del discurso de democratización. La magnitud de los cambios y su implementación marcarán el futuro político de Kazajistán en los próximos años.








