La NASA enfrenta un nuevo giro en su ambicioso programa Artemis, que busca regresar al ser humano a la Luna más de medio siglo después del Apolo 17. Los recientes contratiempos en Artemis II y los retrasos de SpaceX y Blue Origin han obligado a la agencia a reestructurar por completo el cronograma, posponiendo el alunizaje humano hasta 2028.
Según EFE, los ajustes se producen tras fallos técnicos acumulados en los últimos meses: desde filtraciones de combustible y helio en Artemis II hasta demoras significativas de los proveedores privados encargados del módulo de alunizaje. Esto convierte a Artemis III, originalmente planeada para tocar la Luna en 2027, en una misión de prueba en órbita terrestre.
Artemis II, que ahora apunta a un lanzamiento el 1 de abril, llevará a cuatro astronautas alrededor de la Luna en una misión de diez días, sin alunizaje, para validar la nave Orión y las maniobras orbitales. Será la primera vez que seres humanos observen la cara oculta del satélite terrestre, un paso clave antes de las misiones de alunizaje.
Por su parte, los retrasos de SpaceX y Blue Origin amenazan con extender aún más los plazos. SpaceX ha acumulado demoras de hasta dos años, mientras que Blue Origin ha sufrido retrasos de al menos ocho meses en proyectos conjuntos con la NASA. La agencia ha invertido 6.900 millones de dólares desde 2019 en sistemas de aterrizaje humano, con un presupuesto total estimado de 18.300 millones hasta 2030, incluyendo contratos con ambas compañías.
Con Artemis III limitada a órbita terrestre, la expectativa se traslada a Artemis IV y V, programadas para 2028. Ambas misiones buscarán alunizar y explorar el polo sur lunar, con la ambición de establecer una presencia humana sostenible en la Luna y servir de preparación para futuros viajes a Marte. Este replanteamiento también refleja la creciente presión competitiva, ya que China planea llevar a sus primeros astronautas al satélite antes de 2030.
La NASA recalcula así no solo tiempos, sino prioridades garantizar la seguridad de los astronautas, consolidar las capacidades de alunizaje y mantener el liderazgo estadounidense en la exploración lunar, mientras la comunidad científica y el público mundial aguardan el regreso del hombre a la Luna tras más de cinco décadas.








