Rusia mostró disposición para abrir conversaciones con Estados Unidos sobre un nuevo tratado de desarme nuclear tras la expiración del START III, que venció la pasada medianoche, mientras China permanece reticente a sumarse al diálogo. La situación marca un punto de inflexión en la arquitectura nuclear global, con un vacío que preocupa a expertos en seguridad internacional.
Según EFE, Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, confirmó que ambas naciones reconocen la urgencia de iniciar negociaciones y que se celebraron consultas en Abu Dabi para explorar la posibilidad de prolongar los límites del tratado. Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump rechazó una extensión del acuerdo vigente y propuso un documento nuevo, mejorado y modernizado, enfatizando la necesidad de actualizar los marcos de control nuclear ante los cambios estratégicos recientes.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, advirtió sobre el vacío dejado por el fin del START III y reafirmó la preferencia de Moscú por el diálogo, aunque subrayó que dependerá de la disposición de Washington. En paralelo, China se mantiene al margen de las negociaciones, con su embajador adjunto en Ginebra, Jian Shen, señalando que su arsenal aún no alcanza el nivel de EE. UU. o Rusia y que los principales poseedores de armas nucleares deben liderar reducciones verificables.
Estados Unidos, en contraste, acusa a Pekín de una «acumulación masiva y deliberada» de cabezas nucleares, que podrían superar las 1.000 unidades para 2030 según estimaciones oficiales. Thomas DiNanno, subsecretario de Estado para el Control de Armamento, recordó que desde la firma del START III en 2010, China ha expandido su arsenal aprovechando la reducción estratégica de Rusia y EE. UU., lo que altera el equilibrio global.
Europa observa con cautela: Francia y el Reino Unido, miembros del Proceso P5, mantienen el compromiso con la reducción de riesgos nucleares, pero París responsabiliza a Rusia por la situación actual, citando medidas que han debilitado la arquitectura internacional de control de armas. La presión crece para que los cinco miembros reconocidos por el Tratado de No Proliferación Nuclear encuentren un marco común que garantice estabilidad y transparencia.
La expiración del START III deja un escenario incierto, donde la diplomacia, la modernización de tratados y la presión multilateral serán decisivas para evitar una carrera nuclear más intensa y garantizar que el control estratégico se mantenga dentro de parámetros responsables.








