La Serie del Caribe regaló una de esas noches que se cuentan solas, de las que quedan marcadas en la memoria del béisbol regional. En el Estadio Panamericano, los Leones del Escogido y los Federales de Chiriquí protagonizaron un intercambio de golpes constante, un toma y dame ofensivo que mantuvo al público de pie hasta el último out, con final favorable 16-15 para el conjunto dominicano.
Según De Último Minuto, el partido no solo fue intenso por lo cerrado del marcador, sino porque rompió el récord histórico de carreras combinadas en el torneo. Como reseñó Yamell Rossi en ese medio, nunca antes dos equipos habían sumado tantas anotaciones en un solo encuentro de Serie del Caribe, superando una marca que llevaba más de tres décadas intacta.
El duelo se resolvió en la octava entrada, cuando Marcos Hernández volvió a aparecer en el momento grande con un doblete remolcador que puso a vibrar el dogout escarlata. Minutos después, Gustavo Núñez selló la ventaja con un elevado de sacrificio, una jugada sencilla en apariencia, pero cargada de peso en un partido donde cada carrera parecía definitiva.
Más allá del resultado, el choque fue un despliegue ofensivo pocas veces visto. Dominicana conectó 16 imparables y Panamá respondió con 18, reflejo de un juego abierto, sin respiro, donde los lanzadores tuvieron que navegar en aguas turbulentas durante más de cuatro horas. El reloj marcó 4:10 de acción continua, un maratón que exigió concentración y temple hasta el cierre.
La victoria dejó a los Leones del Escogido con marca de 3-0, un paso firme rumbo a la semifinal y una señal clara de que el conjunto dominicano no solo tiene poder ofensivo, sino la capacidad de responder bajo presión. En torneos cortos como este, ese tipo de carácter suele marcar la diferencia.
En el plano individual, Marcos Hernández firmó una noche redonda con cuatro imparables y cuatro carreras empujadas, mientras Franchy Cordero también produjo cuatro vueltas al plato. Erik González aportó lo suyo en un line up que respondió de arriba abajo, algo vital cuando el pitcheo pasa una noche complicada.
Desde el montículo, el partido fue una prueba de resistencia. Los abridores salieron temprano y los relevistas tuvieron que asumir roles incómodos, lidiando con corredores constantes y conteos largos. Aun así, el bullpen dominicano logró el objetivo final: preservar una ventaja mínima en un escenario de máxima presión.
Este tipo de juegos explica por qué la Serie del Caribe sigue siendo un espectáculo único. No se trata solo de quién gana, sino de cómo se gana, y el Escogido lo hizo en una noche histórica, de esas que refuerzan la mística del béisbol dominicano en escenarios internacionales.








