La agenda de seguridad en Asia vuelve a moverse con intensidad. El presidente taiwanés, William Lai, lanzó un paquete de medidas que busca transformar las capacidades defensivas de la isla y levantar un muro más sólido frente a las tensiones que se han vuelto parte del día a día en el Estrecho.
Según la agencia EFE, Lai detalló que su administración trabaja para que las fuerzas armadas alcancen un nivel de preparación que permita disuadir cualquier intento de coerción militar, especialmente ante la posibilidad de que China acelere sus planes para unificar el territorio por la fuerza antes de 2027.
El anuncio incluye una inversión cercana a los 1,25 billones de dólares taiwaneses entre 2026 y 2033, un esfuerzo financiero que apunta a crear una arquitectura defensiva moderna y resistente. En el centro de esa apuesta está el llamado “Escudo de Taiwán” (T-Dome), un sistema de defensa aérea por capas que emula modelos ya probados como la Cúpula de Hierro israelí y la propuesta estadounidense conocida como Golden Dome. La idea es construir un paraguas capaz de identificar, interceptar y neutralizar amenazas con rapidez, apoyado en sensores avanzados y plataformas de respuesta inmediata.
El programa no solo busca tecnología, sino también autonomía industrial. Para Lai, fortalecer la manufactura local y desarrollar capacidades propias es indispensable si Taiwán quiere sostenerse en un entorno donde la presión es cada vez más visible. En ese sentido, la integración de inteligencia artificial se proyecta como un punto clave para agilizar la toma de decisiones y mejorar la precisión de los sistemas de combate, una tendencia que ya marca el ritmo de las principales potencias militares.
La escalada retórica también estuvo presente en el discurso. Lai acusó a Pekín de intentar redefinir la identidad de la isla mediante presión militar, operaciones de influencia y acciones extraterritoriales contra ciudadanos taiwaneses. Ante ese panorama, el Gobierno creará un departamento permanente para coordinar planes de acción y movilizar apoyos tanto internos como de aliados internacionales, con el objetivo de sostener el statu quo en medio de un clima regional cada vez más frágil.
Estados Unidos, que históricamente ha sido un actor fundamental en la seguridad del Estrecho, respaldó la iniciativa. Raymond Greene, embajador de facto en Taipéi, celebró el nuevo presupuesto especial de defensa y reiteró que Washington observa con preocupación la intensificación de la actividad militar china alrededor de la isla. Este apoyo se inscribe en una relación estratégica largamente establecida y que continúa evolucionando a medida que se recalibra la competencia entre Washington y Pekín.
Desde la capital china, la reacción no tardó. La portavoz de la Cancillería, Mao Ning, reiteró la oposición de su país a cualquier vínculo militar entre Estados Unidos y Taiwán. Aseguró que los intentos del Partido Democrático Progresista por sostener una vía independiente están destinados a fracasar, reforzando el mensaje que el propio Xi Jinping transmitió días antes en su conversación con Donald Trump, donde calificó el “regreso” de la isla como parte esencial del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El pulso diplomático y militar entre ambas orillas del Estrecho lleva años escalando. China ha incrementado el número de maniobras en los alrededores de la isla, acompañado por una campaña para aislar a Taipéi en el escenario internacional. Para Taiwán, este nuevo plan de defensa es una declaración de intenciones mantenerse firme en una región en la que cada movimiento se lee como un mensaje, y cada inversión, como un recordatorio de que la estabilidad sigue siendo tan frágil como estratégica.








