El ambiente en Taiwán vuelve a sentirse tenso. Las advertencias sobre la necesidad de mantenerse alerta frente a cualquier movimiento del Ejército chino han ganado fuerza, especialmente mientras el Gobierno refuerza su estrategia para sostener la estabilidad en medio de un vecindario cada vez más incierto.
Según informó la agencia EFE, el presidente William Lai insistió en que la isla no puede permitirse vacíos en su seguridad, un mensaje dirigido tanto a los reservistas como a la población que sigue con atención la evolución del pulso con Pekín.
El mandatario planteó que la defensa no es solo un asunto castrense, sino la columna que sostiene la vida democrática taiwanesa. Sus palabras, pronunciadas ante tropas en Yilan, buscan dejar claro que la presión china ya no se percibe como episodios aislados, sino como una estrategia de desgaste que podría transformarse en una acción real si no se responde con firmeza.
Lai remarcó que el ideal de paz sigue siendo un objetivo nacional, aunque subrayó que esa tranquilidad no se obtiene con gestos unilaterales ni con concesiones a quienes ejercen presión militar. En su planteamiento, la paz auténtica exige capacidades robustas, una visión compartida por líderes de seguridad en la región. Estudios del Instituto Lowy de Australia han coincidido recientemente en que la correlación militar en el estrecho está cambiando, obligando a Taipéi a acelerar su modernización para mantener un equilibrio mínimo.
El proyecto de presupuesto especial para los próximos ocho años, que ronda los 1,25 billones de dólares taiwaneses, encaja dentro de ese esfuerzo estratégico. La inversión incluye misiles de largo alcance, sistemas de artillería avanzados y equipos no tripulados, áreas que analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington consideran esenciales para reforzar la disuasión en un conflicto asimétrico. El objetivo de Lai es construir una defensa persistente, capaz de responder a un entorno donde los ejercicios militares chinos se han convertido en rutina.
Mientras Taipéi consolida su postura, desde China se mantiene la narrativa de que la isla forma parte “ineludible” de su territorio. La posición oficial de Pekín no descarta el uso de la fuerza, una declaración que ha sido rechazada de manera abierta por el Gobierno taiwanés, convencido de que solo sus 23 millones de habitantes deben decidir el rumbo político de la isla.
A pesar de este panorama, las autoridades taiwanesas apuestan por seguir fortaleciendo su preparación militar sin cerrar la puerta al diálogo, siempre que no implique renunciar a su sistema democrático. Con ese enfoque, Lai intenta marcar una ruta que combine vigilancia, firmeza y una visión clara de lo que significa preservar la paz en uno de los puntos más delicados del mapa geopolítico actual.








