En la frontera norte de México, el recuerdo de la guerra de 1846-1848 sigue presente, y recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump han avivado esa memoria dolorosa. Su mensaje del 2 de febrero, en el que celebró la victoria de Estados Unidos y la anexión de gran parte del territorio mexicano, ha generado preocupación y críticas en ambos lados de la frontera.
Tal como informa EFE, la Casa Blanca reconoció por primera vez esta fecha histórica, en un contexto en que Trump ha planteado acciones directas contra los cárteles de la droga dentro de territorio mexicano, propuesta que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, rechazó de inmediato.
Especialistas subrayan que este tipo de retórica no solo revive heridas históricas, sino que también impacta la relación bilateral actual. Ricardo Melgoza Ramos, profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, recuerda que la guerra implicó la pérdida de más del 55 % del territorio nacional, equivalente a 1,3 millones de kilómetros cuadrados. “Es vergonzoso que el presidente más poderoso del planeta haga alarde de ese robo”, señaló.
El historiador y periodista Juan de Dios, con experiencia en Ciudad Juárez y El Paso, advierte que discursos como el de Trump refuerzan una postura de superioridad y se vinculan con su agenda antimigrante. “No es burla, es una reafirmación de poder que se refleja en acciones duras contra comunidades migrantes y contra México”, indicó.
En lugares como Ciudad Juárez, fronteriza con El Paso, estas palabras tienen un eco palpable. Ambos municipios forman uno de los corredores comerciales más activos de Norteamérica, con miles de personas cruzando diariamente por motivos laborales, familiares o de compras. Para estas comunidades, los comentarios del mandatario estadounidense reabren heridas que la historia dejó latentes y complican la convivencia diaria en la frontera.








