El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a centrar la atención internacional en Cuba al declarar que sería «un gran honor» para él «tomar Cuba», en medio de la profunda crisis energética que afecta a la isla. Sus palabras reflejan la escalada de tensiones políticas y económicas entre ambos países.
Tal como informa EFE, Trump señaló durante una rueda de prensa en la Casa Blanca que podría intervenir en Cuba ya sea para liberarla o tomar control de manera directa, destacando que «podría hacer lo que quisiera con ella». El mandatario describió a la isla como «una nación fracasada» sin recursos financieros ni energéticos, aunque resaltó su belleza natural y la calidad de sus tierras.
En semanas recientes, el presidente republicano ha reiterado que La Habana «caerá muy pronto», vinculado a los efectos del bloqueo de crudo impuesto por Washington en enero pasado, que ha paralizado sectores clave de la economía cubana. La semana pasada, el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó que se mantienen conversaciones con EE.UU. para buscar soluciones mediante el diálogo, un punto que Trump ya había adelantado.
La crisis energética en Cuba se evidencia con apagones que se repiten con frecuencia: esta semana comenzó con un nuevo apagón nacional, el sexto en 18 meses. La falta de suministro de petróleo ha intensificado el malestar social y las dificultades económicas, generando incertidumbre sobre la capacidad del gobierno cubano para sostener servicios básicos y la estabilidad social.
Las declaraciones de Trump, sumadas a la vulnerabilidad económica de la isla, abren un escenario de alta tensión diplomática y económica, mientras ambos países exploran canales de comunicación que podrían definir los próximos pasos en la relación bilateral.








