Un nuevo impulso al desarrollo costero marca la evolución del turismo de cruceros en la República Dominicana, donde la oferta en la zona de Pedernales emerge como claro ejemplo del dinamismo del sector.
Según información compartida por el medio arecoa, la base de datos del Ministerio de Turismo de la República Dominicana (Mitur) revela que, hasta septiembre del 2025, el puerto Amber Cove había recibido 842,710 visitantes, dentro de un total acumulado de 2,017,211 cruceristas desde enero de este año.
El hito coincide con el décimo aniversario de Amber Cove, inaugurado en 2015, una instalación que el Autoridad Portuaria Dominicana (Apordom) concibió como centro estratégico para impulsar el turismo del norte del país. El director ejecutivo, Jean Luis Rodríguez, destacó que este puerto se ha convertido en una puerta de oportunidades para artesanos, guías, emprendedores y familias de la región.
Por su parte, la vicepresidente de Relaciones Gubernamentales de Carnival Corporation, Vicky Rey, apuntó que el desarrollo de esta infraestructura simboliza el poder de la colaboración entre la empresa y la comunidad. Según su visión, Puerto Plata ha elevado su perfil internacional gracias al flujo de visitantes que reciben cada año.
La transformación de Amber Cove revela varios frentes complementarios más allá del turismo pasivo, se ha generado un ecosistema de oportunidades económicas locales desde transporte hasta comercio artesanal que fortalece la resiliencia regional frente a las fluctuaciones del turismo global. Las cifras de Mitur confirman que, en solo nueve meses del 2025, se registra más del 40 % de los cruceristas del año, lo que indica una tendencia al alza si se compara con proyecciones previas.
Este impulso coincide con un momento en el que la República Dominicana intensifica sus esfuerzos para diversificar mercados y destinos la ampliación de la oferta hacia zonas menos tradicionales como Pedernales busca reducir la concentración habitual en áreas como Punta Cana y Santo Domingo. En ese sentido, la estrategia abre camino a nuevas rutas, mayor permanencia de visitantes y una distribución más equitativa de los beneficios económicos en el territorio.
Aunque los resultados son sumamente positivos, el desafío ahora radica en consolidar esa ventaja mantener la calidad del servicio, integrar a más microempresarios locales, cuidar el entorno natural y asegurar que el crecimiento respete los equilibrios sociales y medioambientales. Cada crucerista que llega representa no solo un turista, sino una oportunidad concreta de desarrollo para Colombia y sus comunidades costeras.








