Enero cerró con un balance demoledor para Ucrania. El país volvió a atravesar semanas marcadas por ataques constantes desde el aire, con un impacto directo sobre infraestructuras clave y la vida cotidiana de millones de personas que siguen adaptándose a una guerra prolongada y cada vez más tecnológica.
Según informó la agencia EFE, Rusia lanzó durante ese mes más de 6.000 drones de asalto, unas 5.500 bombas aéreas guiadas y 158 misiles de distintos tipos contra territorio ucraniano. La mayoría de estos ataques tuvo como objetivo el sistema energético y otras infraestructuras críticas, incluidos nodos ferroviarios y rutas logísticas esenciales para la movilidad interna del país.
El presidente Volodímir Zelenski detalló que, solo en la última semana de enero, las fuerzas rusas emplearon cerca de 980 drones, casi 1.100 bombas guiadas y dos misiles adicionales. Ese patrón confirma una estrategia sostenida de desgaste, enfocada en dificultar el transporte entre ciudades y comunidades, además de presionar la capacidad de reparación del Estado ucraniano.
Aunque Kiev no ha reportado nuevos ataques directos al sistema energético desde el anuncio de una tregua parcial por motivos climáticos, los daños acumulados siguen siendo significativos. Las autoridades continúan trabajando contrarreloj para restablecer servicios básicos en distintas regiones, en medio de temperaturas extremas y con recursos limitados.
El costo humano también persiste. En la región de Dnipropetrovsk, un dron impactó una vivienda durante la noche y provocó la muerte de dos civiles, un hombre y una mujer. El ataque destruyó por completo la casa, afectó otras dos y generó un incendio, según reportes oficiales regionales.
Ante este escenario, Zelenski volvió a insistir en la necesidad urgente de reforzar la defensa antiaérea del país. Sistemas como Patriot y NASAMS, así como la incorporación de cazas F-16, siguen siendo piezas clave para reducir el impacto de una ofensiva aérea que no muestra señales de disminuir.
Más allá de los anuncios diplomáticos y las pausas parciales, el mes de enero dejó claro que la guerra en Ucrania sigue librándose con intensidad desde el cielo, y que la protección de infraestructuras y civiles continúa siendo uno de los mayores desafíos para Kiev en 2026.








