Ataque en Gaza 47 heridos en centro de ayuda cuestionan rol de GHF

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La distribución de comida en la Franja de Gaza volvió a teñirse de sangre. El martes, 47 civiles resultaron heridos la mayoría por impactos de bala cuando se desató el caos en un punto de reparto de la recién creada Gaza Humanitarian Foundation (GHF) en Tal al-Sultán, Rafah, extremo sur del enclave palestino. Testimonios recogidos por la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos apuntan a disparos de soldados israelíes que “buscaban disuadir a la multitud” mientras miles de personas hambrientas rompían el cerco de seguridad.

Según la agencia EFE, el Gobierno gazatí habla de al menos tres muertos, dato que los investigadores de la ONU no han podido confirmar de forma independiente. La escena, no obstante, encendió las alarmas de la comunidad humanitaria, que desde hace meses advierte que Gaza vive al borde de la hambruna por las restricciones de entrada de suministros.

Un mecanismo de reparto bajo la lupa

La GHF impulsada en mayo con respaldo político de Washington y aval de Israel funciona con un modelo inédito: exmilitares estadounidenses, contratistas privados y tecnología de control de accesos. Para Naciones Unidas y la Cruz Roja, ese esquema quiebra el principio de neutralidad y, en la práctica, obliga a los gazatíes a desplazarse kilómetros hasta recintos fortificados donde pueden quedar expuestos al fuego cruzado.

El propio director fundador de la GHF, Jake Wood, renunció 48 horas antes del incidente alegando que la fundación “no puede mantenerse fiel a los principios humanitarios de humanidad, neutralidad e independencia”. Su salida forzó el nombramiento provisional de John Acree, veterano de USAID, pero no disipó las dudas sobre quién toma realmente las decisiones en la organización.

Versión israelí y recelo palestino

El Ejército israelí reconoció haber efectuado “disparos de advertencia” desde el exterior del recinto para impedir que la multitud derribara las vallas, versión que contrasta con videos verificados por agencias internacionales donde se escuchan ráfagas sostenidas y se observan proyectiles impactando en la masa.

Para la población gazatí, la llegada de la GHF es vista con suspicacia líderes comunitarios y grupos civiles temen que la recopilación de datos biométricos requisito de acceso impuesto por la fundación termine siendo utilizada por Israel para vigilar a posibles simpatizantes de Hamás.

Crisis que se profundiza

Con el bloqueo vigente desde marzo y más de 54 000 palestinos fallecidos desde el inicio de la ofensiva israelí en 2023, las agencias de la ONU insisten en que cualquier corredor de ayuda debe operar bajo supervisión multilateral y acceso irrestricto. Las autoridades israelíes, sin embargo, mantienen que el modelo privado de la GHF “alivia la presión” sobre su seguridad y evita el desvío de alimentos a grupos armados.

¿Qué viene ahora?

Diplomáticos europeos preparan una sesión urgente del Consejo de Seguridad para examinar la viabilidad del corredor de la GHF, mientras organizaciones locales exigen que se habiliten rutas terrestres directas desde Kerem Shalom para reducir los movimientos masivos de población. Voces dentro de la Knéset admiten que, si las bajas civiles continúan, el ejército podría suspender el experimento “en cuestión de días”.

A la fecha de hoy, 28 de mayo de 2025, la tregua negociada en Doha sigue sin cristalizar y el flujo promedio de camiones diarios no supera el 20 % del nivel previo a la guerra. En una Gaza exhausta, cada nuevo retraso convierte la lucha por un saco de harina en un riesgo mortal. Mientras no se garantice un sistema de distribución neutral y seguro, el episodio de Tal al-Sultán podría ser apenas la antesala de tragedias mayores.

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