El gesto fue breve, pero cargado de simbolismo. El ministro de Patrimonio de Israel, Amichay Eliyahu, subió al monte Sartaba, en el estratégico valle del Jordán, y desplegó por primera vez una bandera israelí en la cima. Desde allí, a más de 650 metros sobre el nivel del valle, proclamó que están “reconquistando” lo que considera parte de su herencia histórica.
Según la agencia EFE, el funcionario difundió el momento en un video publicado en su cuenta de X, donde insistió en que el pueblo israelí “vive y camina por todos los rincones de su tierra histórica”. La escena ocurre en plena escalada de tensiones en Cisjordania, territorio ocupado desde 1967 y epicentro de un pulso político que cada vez se siente más ideológico que territorial.
En los últimos meses, conductores que transitan hacia el valle del Jordán han notado un aumento de banderas israelíes a la vera de las carreteras, muchas colocadas por colonos. También se han multiplicado pintadas con la estrella de David en muros y estructuras palestinas. La madrugada del mismo lunes, colonos incendiaron la entrada de una mezquita en el norte del territorio, dejando mensajes amenazantes en sus paredes, un patrón que organizaciones de derechos humanos vienen denunciando como parte de una estrategia de intimidación.
Eliyahu no es un actor menor dentro del gabinete que encabeza Benjamín Netanyahu. Forma parte de Poder Judío, la misma fuerza política del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir. Ambos han defendido abiertamente la expansión de asentamientos y la anexión total del territorio ocupado, junto al ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich.
Las declaraciones incendiarias no son nuevas. A inicios de la ofensiva sobre la Franja de Gaza en octubre de 2023, Eliyahu sugirió lanzar una bomba atómica sobre el enclave, palabras que el propio Netanyahu tuvo que desmarcar públicamente. Aun así, su influencia dentro de la coalición refleja el peso creciente del ala ultranacionalista en la política israelí.
Más allá del simbolismo de una bandera en una colina, el trasfondo es jurídico y demográfico. En semanas recientes, el Gobierno aprobó medidas que permiten inscribir como propiedad estatal israelí parcelas ubicadas en la llamada Área C, zona que representa alrededor del 60 % de Cisjordania y donde residen entre 150.000 y 300.000 palestinos, según estimaciones de Naciones Unidas.
Diversas ONG advierten que, a medida que aumenta el registro de tierras como estatales, también se amplía la aplicación directa de la soberanía israelí en materia de seguridad y planificación urbana. Eso abre la puerta a nuevas restricciones de movimiento para la población palestina y a una expansión más acelerada de asentamientos, considerados ilegales por la mayoría de la comunidad internacional bajo el derecho internacional.
El monte Sartaba, que en tiempos antiguos funcionó como punto de vigilancia y señalización, vuelve así a convertirse en símbolo de poder. Esta vez no con antorchas, sino con un trozo de tela que resume una disputa que lleva décadas marcando la geografía y la vida cotidiana de millones de personas. En un terreno donde cada metro tiene carga histórica, los gestos políticos pesan tanto como las decisiones administrativas.








