Teherán volvió a plantar bandera este martes. El vocero de Exteriores, Ismail Baghaei, aseguró que su país no ha solicitado “ninguna reunión” con Washington para reactivar las conversaciones nucleares, cerrando de golpe la puerta que la Casa Blanca decía tener entreabierta.
Según la agencia EFE, Baghaei dijo a la estatal IRNA que “no se ha presentado solicitud alguna al lado estadounidense”, declaración que desmonta el entusiasmo mostrado 24 horas antes por el presidente Donald Trump. El mandatario había anunciado “nuevas pláticas” con Teherán tras cenar con Benjamín Netanyahu en Washington.
Trump sostuvo que Irán “quiere hablar” y presumió de los ataques conjuntos contra instalaciones en Fordó, Natanz e Isfahán que pusieron fin a la breve pero sangrienta guerra de 12 días, con un saldo superior a mil muertos en territorio iraní y 28 en Israel.
Detrás del cruce de versiones hay una negociación que venía cojeando desde abril. Omán medió cinco rondas discretas entre Mascate y Roma, sin lograr que Washington ceda en su exigencia de desmantelar por completo el programa nuclear ni que Teherán renuncie al enriquecimiento civil. La ofensiva israelí del 13 de junio y los bombardeos estadounidenses del 22 de junio dinamitaron la mesa.
Mientras tanto, el Parlamento iraní aprobó la semana pasada suspender toda cooperación con la OIEA, acusando al organismo de “parcialidad occidental” tras los ataques. El presidente Masoud Pezeshkian ratificó la medida, endureciendo aún más el pulso diplomático.
Los inspectores del OIEA ya alertan de reservas superiores a 400 kg de uranio enriquecido al 60 %, cifra que, si se pule al 90 %, bastaría para varias ojivas. Analistas de seguridad advierten que, pese a los daños en Fordó, buena parte de las centrifugadoras sigue operativa en túneles verticales a más de cien metros de profundidad.
Robert Kelley, exjefe de inspecciones del OIEA, recuerda que ese material “cabe en tres cilindros fácilmente movilizables” y que la ventana de ruptura se reduce a semanas si Irán decide cruzar el umbral militar.
Con la campaña electoral estadounidense en pleno calor y Netanyahu todavía celebrando las “capacidades de disuasión” israelíes, el tablero de Oriente Medio vuelve a la casilla de la tensión máxima. Irán se atrinchera, Estados Unidos presume de músculo y Europa intenta, otra vez, salvar el viejo acuerdo de 2015 con incentivos económicos que ya parecen obsoletos.
Para el Caribe y en particular para la República Dominicana, que depende del mercado internacional de combustibles cualquier chispa en el Golfo Pérsico se traduce en turbulencias de precios. De momento, Baghaei deja claro que Teherán no piensa bajarse de su carril hasta que Washington ofrezca algo más que bombas y micrófonos. El reloj nuclear sigue corriendo.








